16 de octubre de 2019
16.10.2019

Un puerto fuera del sitio

16.10.2019 | 20:18
Un puerto fuera del sitio

Está documentado que el puerto de València surgió en el S. XV como un punto de partida y arribada del tráfico maritimo, aunque a diferencia de otros emplazados al abrigo de las corrientes marítimas el nuestro estuviera destinado a sufrir sus avatares porque la línea costera no ofrece ninguna protección e incide en la desembocadura del Turia cuyo curso clama por la recuperación de su cauce, el que hemos encauzado y desviado hasta el punto de que periódicamente nos recuerda que las acciones antropogénicas nunca vencerán a la naturaleza. Ya con su Consulado del Mar se preveía la consolidación, mejora y ampliación de sus instalaciones que paulatina y constantemente han ido arañando espacios adjuntos aunque, como toda la zona marítima, ocupada por pueblos autónomos, como el Cabanyal, ha sido un enclave alejado del contexto urbano cuyo desarrollo urbanístico marcó otras tendencias hasta que a mitad del S. XX se intentó una conexión cuyo eje principal era el antiguo camino del Grao, convertido en via de circulación rodada, del que desaparecieron las que, con alguna excepción, eran pequeñas actividades fabriles e industriales, talleres, o viviendas de una o dos plantas, sobre cuyos solares se elevaron modernos edificios entre los que solo queda alguno singular como vestigio de su pasada fisonomía.

Tal ha sido su expansión intrínseca y extrínseca que en la actualidad ocupa el número siete en el ranking de puertos de Europa y el segundo de España, después de Algeciras. Todo un orgullo para quien los regentan. La cuestión es si también ha de serlo para nosotros y nada habría que objetar a no ser que desde su propia situación privilegiada persista en el empeño de engrandecerse. En el momento actual, la expansión del puerto es una carga insoportable para esta ciudad que se está conquistando desde empresa pública estatal a la que nuestras autoridades parecen haberse rendido y es un poco vergonzoso que se utilice como excusa la creación de riqueza cuando se está llevando a cabo a costa de una notable incidencia medioambiental y el empobrecimiento de los afectados por las expropiaciones y la aniquilación de una zona de huerta sin parangón. Mucho dinero inútil costó la American´s Cup y la Fórmula Uno, la tramitación de las expropiaciones que asumió el Ayuntamiento, y las cuatro chucherías que compran los turistas de paso en sus cruceros no pueden compensar la contaminación de las aguas. Los proyectos, de veinte años atrás, para el futuro del puerto adolecen de una visión global del espacio y de las personas. 308.000 metros cuadrados, de los que 280.000 serán para empresas que pueden superar varios centenares. Pero ¿Cuáles son esas empresas con las que hace veinte años se contaba? ¿Siguen existiendo? ¿Estamos ante una oferte sin demanda real?

No se ha tenido en cuenta que el trazado viario que se proyecta va a tener un impacto trascendental en el territorio de todos los mMunicipios que atraviese; además de lo que ocupe cualquier carretera, hay que tener en cuenta las zonas de servidumbre y protección en sus laterales, de entre 125 o 58 metros, que el ferrocarril hipoteca el uso del suelo a una única finalidad incompatible con cualquier otra y al tratarse de largos recorridos, es evidente que habrá que viabilizar pasos y, desgraciadamente, ya conocemos la cantidad de accidentes que tienen lugar en ellos, además de los que surgen de las imprudencias por buscar alternativas.

No se ha tenido en cuenta el factor humano; si esas empresas existen, que no lo creo, si llegan a asentarse sobre todo el suelo que se les ha destinado, que lo dudo, efectivamente habrá una demanda de mano de obra en que hay que tener en cuenta dos aspectos fundamentales: En primr lugar, que nada de cuanto expropió en Ayuntamiento de València en beneficio del Puerto puede dedicarse a otros fines y va a surgir una demanda de viviendas en la proximidad para lo que no existe calificado o hay que exigir a los trabajadores que asuman los desplazamientos intensificando el tráfico viario y soportando el gasto que conlleva.

Cuando la estabilidad del territorio y el bienestar de las personas está en juego hay que tener la sensatez de reflexionar y ser capaces de rectificar decisiones anteriores. La gran pregunta es si la ampliación del puerto es necesaria o responde al victimismo valenciano de querer ser siempre más de lo que somos. Varias asociaciones públicas han elevado su voz de protesta exigiendo una respuesta negativa y contundente a la ampliación porque serán las víctimas inmediatas, Pinedo, Nazaret, La Punta, núcleos que, como el Cabanyal o el Canyamelar, han sido deliberadamente excluídos de cualesquiera planes tendentes a mejorar la calidad de vida de los vecinos, parece que estén ahí por si hace falta echarlos. ¿Es que a nadie le importa?

El Puerto es un gheto poderoso convertido en una rémora para la vida ciudadana que ya ha conseguido mucho para aspirar a más; ya tiene bastante con lo que hay, que era impensable. Existen alternativas que se han puesto sobre la mesa y de las que nadie quiere hablar. Que se estudien con seriedad, un análisis del costo-beneficio con carácter general puede dar dar al traste con la hegemonia que tango gusta. Es posible que se concluya con que no había fundamento bastante para emprender tan arduo proyecto que ha de quedar en la nada. Pero siempre será mejor corregir el error cuando aún estamos a tiempo que, apretexto de tiempo, consumarlo.

Hay una cuestión política que se opone al conocimiento objetivo del interés que pueda tener la ampliación; actualmente, todas las autoridades se consideran tan expertas en cualquier materia, (aunque hoy están en sanidad y mañana en agricultura) que se permiten la temeridad de prescindir de los expertos; podíamos excusarlos en que hoy a la Función Pública no se llega por méritos y capacidad y es difícil encontrar a gente capacitada, pero entre tantos asesores que les pagamos para que suplan su ignorancia deberían buscar alguno que sirviera para mejor cumplir con su cometido. Hay ocasiones como esta en que el Estudio de Impacto Ambiental habría que evitarlo por razones de obviedad.

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