22 de octubre de 2019
22.10.2019

Ca-ta-lu-ña

22.10.2019 | 20:06
Ca-ta-lu-ña

Las imágenes que hemos visto estos últimos días en Cataluña lo dicen todo. Las noches pasadas en Barcelona mostraban el rostro terrible de una guerrilla urbana en toda regla. Los ciudadanos no queremos que se repitan imágenes con contenedores quedamos y enfrentamientos. Por la mañana la imagen fue completamente diferente, varios grupos de ciudadanos pacíficamente ejercían el derecho que tienen de expresarse libremente, porque el estado democrático que tenemos así lo ampara. Los manifestantes que coparon las calles de Barcelona pedían la libertad de 12 líderes independentistas que el Tribunal Supremo ha condenado a penas de hasta 13 años de prisión. Para un sector de la sociedad estos líderes son considerados «presos políticos», «presos de conciencia» y para otros simplemente políticos presos, encarcelados injustamente. Desde mi punto de vista, hay varias cuestiones que confluyen en este gran problema, el Independentismo Catalán que nos atañe a todos los ciudadanos españoles.

Primera cuestión. El independentismo, el autogobierno legítimo o no, está demandado por una parte de la ciudadanía en Cataluña, alentada por los políticos del gobierno de esa comunidad autónoma. Contra eso hay una sentencia: «como autores de un delito de sedición en concurso medial con un delito de malversación, agravado por razón de su cuantía... delito de sedición... delito de desobediencia... «Al fin y al cabo nos viene a decir que la vía que están utilizando no es la legítima. Se cometen delitos y se ponen sanciones, que nos pueden parecer justas, desmedidas o no.

La reacción es salir a la calle y manifestarse, por eso estamos en un Estado de derecho. La desobediencia civil contra el Estado puede ser legítima aunque sea ilegal; pero claro está, siempre y cuando no sea violenta, como me decía un amigo. Sin embargo, la desobediencia institucional contra el Estado nunca es legítima porque, en nuestro caso, las instituciones autonómicas son el propio Estado. Están nombradas para cumplir y hacer cumplir la Ley, por eso quienes ostentan cargos institucionales lo juran cuando toman posesión.

Segunda cuestión. Los desórdenes ocurridos en las calles de Barcelona y otras ciudades de Cataluña se están convirtiendo en una auténtica «guerra urbana» con su estrategia, organización y finalidad. Sí, finalidad que no es otra que convertir las calles en una contienda entre insurrectos, independentistas extremistas, paramilitares de extrema derecha, folloneros de un signo político o de otro, activistas de otros países especialistas en guerrilla urbana, curiosos que van a ver y sentir con esa subida de adrenalina que están vivos, etc.

Tercera cuestión. Varias son las preguntas que nos hacemos muchos: ¿quién o quienes está detrás de todo esto?; ¿quién dirige y controla estas masas destructivas?; ¿qué fin se persigue con estas acciones?; ¿se intenta ocultar alguna cosa con el humo de estas reacciones violentas?

Cuarta cuestión. Las contiendas que, generalmente a partir de la tarde y toda la noche, se ponen en marcha destrozando farolas, semáforos, papeleras, contenedores, mobiliario urbano que vale mucho dinero, tienen consecuencias económicas graves. ¿Quién pagará estos destrozos públicos y privados de sillas, mesas, contenedores, etc.?

Quinta cuestión. La gran mayoría de los protagonistas de esta «guerrilla urbana» son jóvenes, con y sin estudios, universitarios o no, trabajadores o no. Cabe preguntarse qué está ocurriendo con esta juventud. Tan solo en Barcelona hay 40.940 jóvenes de 16 a 30 años en el paro, la segunda cifra más alta de España. Estoy totalmente de acuerdo con Félix Tezano y Verónica Díaz: «el problema del paro juvenil no es solamente una cuestión laboral, sino que es un problema de fallo sistémico en los mecanismos de integración en determinadas sociedades. Fallos que van a condicionar de manera importante su dinámica evolutiva y su futuro» (La cuestión juvenil ¿una generación sin futuro?). Hay que tener en cuenta que trabajar no solo es recibir a cambio un salario, que es sumamente importante, sino que es formar parte de pleno derecho de la sociedad.

Sexta cuestión. El tratamiento dispar que los medios de comunicación están dando a los acontecimientos es más que evidente, así como su marcado sesgo ideológico. Es de destacar la labor llevada a cabo por los reporteros/as, dejándose la piel en primera línea.

¿Qué se puede hacer? ¿Cuál es la solución o las soluciones a las cuestiones planteadas? Varias son posibles: mayor objetividad y mejor tratamiento de la información; formación y trabajo digno para los jóvenes ya mismo. Para las restantes cuestiones: diálogo, consenso y siempre diálogo.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook