23 de octubre de 2019
23.10.2019
Nuevos tiempos, nuevos horizontes

Algún día...

23.10.2019 | 19:48
Algún día...

Algún día veremos que los grandes problemas de España priman sobre los intereses electorales a corto plazo. Algún día observaremos que el ego de los dirigentes políticos se humilla ante su obligación de ser los primeros y más humildes servidores de la ciudadanía. Algún día contemplaremos que la ambición política consiste, sobre todo, en trazar y seguir el rumbo de una visión que tiene en cuenta los intereses generales y el bienestar de las personas; y, de entre éstas, a las más humildes y necesitadas.

Algún día, nuevas avenidas de igualdad nos asegurarán que, tras las instituciones democráticas, no acechan poderes bastardos e ilegítimos que culebrean a la búsqueda de favores y decisiones favorables a sus minúsculos intereses, ora amenazando con su capacidad de desestabilización, ora empleando los más sucios recursos de la corrupción y la seducción económica.

Algún día, la España de las oportunidades para todos derrumbará las fosilizadas columnas de los miles de grandes y pequeños statu quo que defienden con uñas y dientes esas parcelas de influencia que les aíslan de la competencia, obturan el ascenso social de los situados en la periferia de la desigualdad y expulsan a quienes les desafían.

Algún día, la España plural y convivencial que constituye nuestra forma de ser y estar en el mundo, se elevará sobre las pretensiones interesadas y falsamente patrióticas que aspiran, desde su inclinación visceral y perezosa inteligencia, a centralizar en una masa amorfa y anodina la energía constructiva y creativa que bulle en cada esquina del país, o bien a centrifugar hacia un destino de fragilidad y confrontación la exaltación mesiánica de la particularidad excluyente.

Algún día nos preguntaremos cómo hemos podido soportar, durante tanto tiempo, las voces de quienes pronuncian palabras sonoras pero vacías de contenido, retórica hueca que instala llamas en el fogón de las pasiones y apaga los más modestos chispazos de la razón y la inteligencia.

Algún día nos sorprenderemos ante la ingenuidad con que caímos en las falsas bondades de unas redes sociales que, en realidad, atrapan la información sobre nuestras vidas, controlada por empresas sin restricciones que venden al mejor postor la posibilidad de manipularnos desde todos los ángulos sensibles, con el fin último de crear realidades artificiales de las que seamos súbditos; individuos confortablemente encerrados en pequeños mundos autorreferenciales que esterilizan la fuerza creativa que surge del diálogo y la creación de lazos con el distinto.

Algún día tendremos que explicar a nuestros hijos cuál fue la demostración de nuestro pretendido e ilimitado afecto ante un planeta que experimenta los estertores del cambio climático y amenaza a su bienestar mucho más que al nuestro. Ante un mercado laboral que ofrece precariedad y minusvalora a su mejor gente. Ante una globalización de ganadores y perdedores. Ante la glaciación de la cooperación internacional cuando más necesaria es su recomposición y fortalecimiento. Ante los ataques salvajes hacia los bienes comunes que sustentan la cohesión y la convivencia. Ante la división social impulsada por quienes han creado en vida sus particulares paraísos, ajenos a cualquier obligación social, habitantes de un mundo a medias real y digital en el que el dinero circula y se esconde de los deberes fiscales que persiguen lastrar el avance de la desigualdad.

Algún día tendremos que enfrentarnos con nosotros mismos y recordarnos que la gran cualidad de una sociedad democrática consiste en asegurar la convivencia desde la discrepancia. En garantizar la justicia para todos, sin que la desequilibre el grosor de las chequeras. En fortalecer la libertad, la igualdad y el respeto a lo diferente. Deberemos recordarnos que los anteriores frutos de la democracia no se sostienen por sí mismos, sino que precisan de un alimento consciente y constante de valores individuales. Valores que interpelan a nuestro compromiso cívico y, en lo más íntimo, a la generosidad, decencia, honestidad, sinceridad y capacidad de indignación que ocupan el espacio de nuestra propia e intransferible responsabilidad.

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