03 de noviembre de 2019
03.11.2019

Los profanáticos

03.11.2019 | 19:04
Los profanáticos

La etimología es una cosa tremenda y estupenda. Uno va al origen o a la primera procedencia de las cosas, es decir, de las palabras, y siempre saca agua del pozo, un recuerdo olvidado en el estanque del lenguaje compartido que alumbra el sentido. La etimología es, además, una ciencia que se deja, quiero decir, que te la puedes inventar y no pasa nada, porque qué más da: es muy maleable y agradecida.

Así por ejemplo, uno busca «profanación» (que es la palabra utilizada por La Familia y La Clientela en el desahucio de Franco) y la etimología te dice que procede del latín y que resulta de la unión de «pro» y «fanum». Pro significa delante de algo, pero fuera; y fanum significa templo o lugar sagrado. Así pues, profanación (o profano) significaría, en primer lugar, «fuera del recinto consagrado». Desde este punto de vista, los restos de Franco han sido profanados: los han sacado del templo con destino al Mingorrubio mundano, con una cobertura mediática que nada tiene que envidiar a la de la boda de Lady Di o a la del día que el primer hombre pisó la luna. También los que gritaban «Arriba España» y «Viva Él» estaban fuera del templo, concretamente delante, al fondo a la derecha: eran profanos, no tanto en su sentido de legos o ignorantes, como geográfico: más allá de la valla. ¡Vaya!

Pero también, mira por donde, «fanático» proviene de fanum y sería el adjetivo aplicado al que defiende con cerrado cerrilismo una religión, un templo, una iglesia, un algo o alguien. Y, mira otra vez por donde, el otro día, cuando asistimos a las obras completas de la exhumación de Franco, con sus tiempos muertos incluidos y nunca mejor dicho, había un grupo de fanáticos etimológicos gritando «profanación» y «Viva Él», contra toda evidencia porque está muerto. A mí, que amo la síntesis casi tanto como la antítesis, me da por llamarles «profanáticos». Los profanáticos serían los que desde fuera del templo y en número que alcanza la guerrilla defienden que en el traslado aerotransportado se estaba cometiendo una profanación, porque consideran muy apropiado que el cadáver y la tumba del que les puso la zancadilla presida en lugar sagrado el valle de los que cayeron.

Por otra parte y sin embargo, si profanación significa tratar sin el debido respeto algo que se considera digno de él, entonces, tanto en la primera como en la segunda parte de la frase, no hubo profanación, sino un exceso de lo contrario que rozaba la exaltación.

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