06 de noviembre de 2019
06.11.2019

La necesidad de una nueva generación de política industrial

06.11.2019 | 19:40
La necesidad de una nueva generación de política industrial

En los años 80, la Generalitat aplicó una política industrial novedosa, pegada al terreno y conocedora, por lo tanto, de los déficits de fondo que afectaban a un sector industrial que había experimentado un auténtico tsunami, alimentado por las crisis del petróleo y las incertidumbres del momento.

Una política inédita que hablaba de institutos tecnológicos, innovación, diseño, internacionalización y cooperación empresarial, frente a la política tradicional, asociada al sostenimiento de empresas agónicas.

En estos momentos no existen las mismas causas y se percibe que las posiciones de patronales, sindicatos y administraciones son conscientes de la nueva realidad que se despliega en torno al sector industrial valenciano. Un clima de opinión que debería facilitar el desarrollo de una nueva generación de política industrial.

Ésta merece contemplar que la globalización trasciende la intensificación de la competencia en los mercados finales: la organización de redes internacionales de cadenas de valor ha conducido a que grandes y medianas empresas europeas organicen sus procesos de producción buscando, en diferentes lugares, aquellos componentes y servicios que cumplan con sus estándares al menor coste posible. Una producción que aúna descentralización e integración.
De otra parte, la digitalización de las industrias no sólo discurre sobre la automatización, la robotización y la posible reducción del empleo industrial. Implica una relación simbiótica entre industrias y nuevas empresas de servicios en la que éstas proporcionan, con personal cualificado, procesamiento de datos y uso de algoritmos, un gemelo virtual del proceso físico de fabricación.

Un gemelo capaz de detectar por anticipado las averías de las máquinas, analizar la composición y calidad de cada producto y fijar el ritmo óptimo de fabricación. Un proceso digital que trasciende el espacio de la industria concreta al conectarse con los de las empresas proveedoras y clientes para el ajuste de los niveles productivos y su coordinación con las redes logísticas de distribución.

Nuestra industria se asoma, en tercer lugar, a la reducción de la huella de carbono. La transición a un estadio de lucha real contra el cambio climático implicará o bien pagar futuros y progresivos impuestos sobre las emisiones o bien adoptar fuentes de suministro limpias y estrictas medidas internas de eficiencia energética.

A los anteriores cambios se suma la necesidad de estar en el mercado con nuevos bienes que se adapten a un cliente versátil, segmentado e inmerso en una comercialización multicanal que contempla desde la tienda tradicional a las plataformas digitales, pasando por todas las variedades intermedias imaginables.

La contemplación conjunta de éstas y otras tendencias aboga por una nueva política industrial. Una política que se sustraiga de las inercias. No es la multiplicidad de líneas de apoyo con escasa masa presupuestaria la que moldea una política industrial eficiente. El café para todos y para todo constituye una simulación que no merece el título de política industrial. Política es priorizar y, por lo tanto, establecer un número reducido y coherente de objetivos que movilicen los cambios necesarios para actuar a la mayor velocidad y escala posibles. Algo que se ha percibido, aunque sus medios sigan siendo modestos, en diversas iniciativas de la Agencia Valenciana de Innovación.
Política industrial es, asimismo, crear los instrumentos de gobernanza que faciliten el mayor abrigo posible a los objetivos priorizados, disponiendo para ello de análisis profesionales y sólidos que superen las percepciones reduccionistas, las resistencias de los grupos de presión y las disputas esterilizadoras en torno a las competencias administrativas.

Política industrial es, finalmente, disponer de un discurso acorde con la realidad y las implicaciones que se desprenden de ésta. Una realidad en la que la empresa merece ser merecedora de atención y soporte público, con criterios selectivos, cuando actualice sus moldes para establecer una visión integradora de cadenas de valor, digitalización, descarbonización, multiplicación de canales comerciales, diseño, formación continua de sus trabajadores, innovaciones ambiciosas de sus productos y colaboración con los centros de conocimiento públicos.

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