07 de noviembre de 2019
07.11.2019

El futuro que será

07.11.2019 | 20:27
El futuro que será

Recogía, hace apenas tres años, en estas mismas páginas de Levante-EMV, unas reflexiones sobre el Gobierno que venía, tras la repetición, el 26 de junio 2016, de las elecciones generales que se habían celebrado el 20 de diciembre del año anterior. En aquella ocasión, a la segunda, diríamos, el PP, que había quedado en primer lugar, obtuvo un ligero incremento, y el PSOE, que lo hizo en segundo, análoga reducción. La operación se repite, el próximo 10 de noviembre, con respecto a las elecciones celebradas el 28 de abril de este mismo año, en las que, en esta ocasión, el PSOE quedó en primer lugar y el PP en segundo, y los resultados son difíciles de predecir, con la aparición de una nueva fuerza política que anuncia su intención de incrementar la participación, cosa que está por ver.

Hoy como ayer, y ante la previsible formación, esta vez sí, de Gobierno, nos encontramos, de nuevo, ante la cuestión pendiente de lograr una forma de convivencia que dé satisfacción a lo que el presidente Azaña ya advertía, en 1911, al hablar del problema español, «que los españoles estén a gusto dentro de su Estado». Es decir, con la adopción de medidas que consideren la realidad económica y social española, capaces de articular vías de acuerdo, ante el proceso independentista planteado en Cataluña, partiendo del procedimiento constitucional.

En 1952, Pere Bosch Gimpera, expresaba su forma de entender España, lejos de la ortodoxia uniforme, afirmando, «España será la de todos, hecha por todos, o no será». Para ello, será necesario que aquellos que entren en el Gobierno, y también quienes no lo estén, abandonen una concepción excluyente del Estado y consideren que éste debe adaptar sus normas jurídicas, empezando por las constitucionales, a la realidad de los diferentes territorios de España y hacerlo de una manera armónica para lo cual hace falta buena dosis de responsabilidad y pedagogía.

Desde hace siglos, venimos arrastrando una concepción de la realidad española que hoy, pese al Estado de las autonomías, no alcanza suficiente reconocimiento en su diversidad, y ahí está la raíz del problema. En la necesidad de aceptar al otro tal cual es. Pues cuando uno no conoce, y no reconoce a los demás en su identidad, es cuando el problema no tiene solución. Y sólo mediante el reconocimiento de la diversidad, es como se puede alcanzar la solución, entendiendo la libre voluntad de permanecer unidos como el factor esencial de la convivencia. La intransigencia en ciertos temas puede llevar al conflicto mientras que la aceptación democrática de la realidad, y con ello de las diferentes opciones nacionales, incluso ya previstas en la Constitución del 78, supone otra forma de entender España, que, contra lo que pudiera parecer a algunos, puede contribuir a consolidar la idea de la España democrática y la relación entre las diferentes realidades sociales aceptando fórmulas de compromiso que hagan posible la convivencia. El reto, para el futuro que será, supone desarrollar los valores democráticos, corregir las desigualdades, y, al tiempo, reconocer las diferentes identidades.

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