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El desliz

Buen intento, Ana Blanco

Qué situación. Más tensa que Pinocho en Bricomanía. Cuando la periodista Ana Blanco preguntó a los cinco candidatos presentes en el debate electoral del lunes organizado por la Academia de la Televisión sobre la evidente y elocuente ausencia de mujeres en tan inspirador encuentro primero se hizo un breve silencio incómodo, como si la cuestión planteada fuese quién se acaba de tirar un pedo en el ascensor. Yo no. Ni yo. A mí no me mires. A mí menos. No hay mujeres porque no. Obvio. Es una pena. Pura casualidad, porque los partidos eligen a sus líderes entre los mejores y mira por dónde somos todos hombres. A la derecha, a la izquierda, en el centro y en los extremos. Ni hay mujeres, ni ningún aspirante lleva pantalones rojos, no hay que darle mayor importancia. Dinámicas incognoscibles. Pegas una patada a un adoquín y te sale un tío carismático dispuesto a dirigir España, nunca una señora; las leyes de la termodinámica. Yo soy muy feminista, pero a la vez un campeón, no lo puedo evitar.

Yo también. Yo más. Yo defiendo a las mujeres defendiendo a los hombres y a las familias. Y la natalidad. Yo voy a tener una vicepresidenta indiscutible, que lo sepa todo el mundo, sobre todo los potenciales aspirantes a vicepresidentes y las presidentas de los bancos. A mí me dan mucha pena las mujeres, que se lo curran tanto. Y a mí. Les voy a poner guarderías, para que aflojen, que van estresadas las pobres. Yo las defiendo de los que quieren romper España. Y yo las admiro. Además ya hay muchas en el Parlamento, somos la envidia de Europa. Pasemos a las pensiones, o al cambio climático. Con la de cosas importantes de las que hay que discutir, por ejemplo Cataluña, y se nos termina el tiempo. Ninguna mujer a bordo, ahí quedó el comentario. Gracias, buen intento, Ana Blanco, casi tan ninguneada como Santiago Abascal, quien aseguró que lo importante es que las españolas estén seguras. ¿Seguras de qué? Seguras de que, pase lo que pase, el 11 de noviembre un señor dirigirá nuestros destinos, si es que alguno se atreve a formar gobierno.

De manera que tendremos que esperar al debate de esta noche en La Sexta para ver mujeres. Solo mujeres. Un debate solo con mujeres, esta vez no sale ni Gabriel Rufián, y como moderadora Ana Pastor. Ahí podremos discutir de nuestras cosas, o repetir argumentarios sin que se note demasiado la mirada de género, no se vaya a espantar la clientela. Creo que este me lo voy a perder. Paso de los debates de mujeres, como paso de los gimnasios para mujeres, de los hoteles para mujeres, de los colegios para mujeres y de los restaurantes en los que no permiten entrar a los niños. Ya hay suficiente apartheid en el mundo. Agradezco el esfuerzo de todas esas portavozas que van a ir a la tele a una hora pésima, que seguro que la ha elegido alguien que no tiene que conciliar, ni madrugar al día siguiente, para rascar los últimos votos. Pero el pescado está vendido desde el lunes, cuando los que tienen la sartén por el mango dejaron bastante claras sus posiciones, y poco más queda por añadir. En tiempos del puro personalismo, ni las números dos ni los partidos tienen peso en el horario de máxima audiencia de la política. Cinco señores alfa nada proclives a la negociación van a probar si por pura chiripa pueden cantar bingo, o, en caso contrario, pactar con el enemigo y que parezca un accidente.

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