03 de diciembre de 2019
03.12.2019

La otra rebelión en la granja: el Holodomor

03.12.2019 | 19:49
La otra rebelión en la granja: el Holodomor

Holodomor es un término historiográfico que se refiere a un suceso silenciado y que ocurrió en la Unión Soviética entre 1932 y 1933: la gran y artificialmente provocada hambruna en las zonas rurales productoras de trigo, principalmente en la parte central y oriental de la actual Ucrania. Se trata de la solución final de Stalin a la oposición encontrada en el 'Granero de Europa' a la colectivización forzosa del campesinado, hasta entonces el grupo social fundamental de la nación ucraniana y que gozaba de cierta liberación tras la caída del zarismo y el fin de las guerras civiles.

Es generalmente conocido que la obra de George Orwell es pura oposición al totalitarismo y su Rebelión en la granja toda una crítica a la deriva de la URSS, pero pocos sabrán que en concreto el capítulo VII de la novela describe lo que fue el Holodomor.

La caída del «molino» (primer plan quinquenal de 1928) –un fracaso que no fue culpa de Snowball (Trotsky, entre otros antistalinistas) sino del mal diseño– no detiene la «construcción del muro» (exportaciones masivas de cereales para pagar la industrialización), lo que implicaba reunir una cantidad mucho mayor de «piedras» (cosechas). La «cantera» (el campo), sufrió un mal invierno y la siembra de primavera fue en un «período seco y frío». La «falta de optimismo» parece referirse a las revueltas populares contra lo que suponía la colectivización y la «labor cruel» a la represión inicial con destierros a Siberia. A su vez, «Boxer y Clover» –que «jamás perdieron el ánimo»– serían los mandados del Partido que, impregnados por la propaganda de «Squealer» (la prensa oficialista y otros líderes como Molotov), ejecutaron en 1932 cuotas inalcanzables de entrega de trigo.

Orwell sigue: «En enero [de 1933] escaseó la comida... Durante días enteros los animales [esto es, los campesinos] no tenían con qué alimentarse, excepto paja y remolacha... los animales se estaban muriendo de hambre y enfermedades, se peleaban continuamente entre sí y habían caído en el canibalismo y el infanticidio».

Entre estas dos partes del relato, el autor no se detiene en aquello fundamental: que fue una voluntad deliberada de exterminio de la parte de la población identificada como enemiga, por orden y bajo el control de Stalin (en la novela llamado «Napoleón»), con tales medidas como el bloqueo de la gente en los pueblos por el ejército, requisición de toda reserva de víveres y criminalización de la mera posesión de grano. La magnitud del crimen, de los muertos por inanición, es comparable al posterior Holocausto judío.

Lo que sí refleja muy bien el escritor británico es lo siguiente que pasó: «Era totalmente necesario ocultar eso al mundo exterior€ Napoleón [Stalin] conocía bien las desastrosas consecuencias que acarrearía el descubrimiento de la verdadera situación». Con ello, en su obra de 1945, Orwell nos cuenta la historia que bien conocía –ahora popularizada– sobre el rol de dos corresponsales de prensa: Walter Duranty («Whymper»), el primero en negar la hambruna desde el New York Times, y Gareth Jones (nombrado con el genérico de «seres humanos»), quien hizo todo por transmitir la verdad.

Si bien existe la duda de si la referencia a «Whymper» no fuera sobre otros (los escritores G. B. Shaw, H. G. Wells e incluso el primer ministro francés Édouard Herriot también negaron la hambruna –engañados– tras visitas organizadas a la URSS), fue Duranty quien facilitó el comercio con Estados Unidos (la «venta de huevos») a partir de 1934; al mismo tiempo, Stalin entabló negocios con la Alemania nazi.

Como resultado de décadas de negacionismo o minimización, el Holodomor, a pesar de formar parte de la memoria histórica europea y haber sido declarado crimen contra la humanidad por el Parlamento Europeo, sigue conociéndose muy poco en nuestra sociedad. Y lo que es peor: no se descubre a las nuevas hornadas de estudiantes. Es por ello que el Instituto 9 de Mayo, con apoyos como el de la Fundación por la Justicia y alentados por el testimonio que la comunidad ucraniana residente mantiene de su tragedia nacional, ha querido elevar la cuestión ante les Corts Valencianes.

Hoy 4 de diciembre, la Comisión de Derechos Humanos de nuestro parlamento autonómico debatirá una Proposición No de Ley, tramitada por Ciudadanos, cuya parte resolutiva se centra en instar a promover la sensibilización, conocimiento y rechazo del Holodomor, junto a los grandes crímenes del siglo XX, con el fin de que la memoria sobre todos ellos sirva de advertencia para las generaciones presentes y futuras de valencianas y valencianos.

Es algo fundamental para la promoción de la democracia y, de hecho, la posición al respecto separará –en términos orwellianos– a cuantos nuevos Whymper modernos del resto de seres humanos. De estos últimos tenemos próximo un buen ejemplo: cuando hace diez años, en un contexto de aniversario, el Ayuntamiento de Torrevieja se planteó la condena del Holodomor, la moción que lo califica de genocidio alcanzó la unanimidad de todos los grupos políticos.

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