04 de diciembre de 2019
04.12.2019
Nuevos tiempos, nuevos horizontes

Los pilares de la reforma de las administraciones públicas

04.12.2019 | 20:45
Los pilares de la reforma de las administraciones públicas

La reforma de las administraciones públicas (AAPP) se ha visualizado en la agenda de la Generalitat mediante la creación de la dirección general de Planificación Estratégica, Calidad y Modernización de la Administración Pública.
Pero ¿qué podemos entender por reforma de una AAPP? En síntesis, sus pilares básicos son el personal público, la tecnología, los procesos y la organización. Todos ellos se encuentran interconectados, pero pueden distinguirse a efectos analíticos.

El personal constituye el fundamento básico de toda reforma porque las AAPP son altamente intensivas en capital humano dada la naturaleza de los servicios que proporcionan. Basta pensar en la sanidad, la educación y la regulación de actividades privadas. En este ámbito, la reforma precisa repensar en profundidad los actuales perfiles profesionales del empleado público. Las AAPP necesitan de conocimiento actualizado para transitar las rutas de los nuevos riesgos, ya sean climáticos, tecnológicos o asociados a la globalización económica y la longevidad.

La tecnología constituye un segundo pilar de la reforma administrativa. Tradicionalmente se ha identificado con la informatización de las tareas llevadas a cabo por el personal público. De la máquina de escribir al ordenador. Del papel a la digitalización.

Éstos y otros medios proporcionan funcionalidades inéditas y, a menudo, elevan la productividad potencial de las AAPP. Se puede hacer más con lo mismo. El problema surge cuando se confunde la modernización con la simple incorporación de nuevos recursos tecnológicos y se obvia su relación con los procesos administrativos ya que es la revisión de éstos, y no su adherencia a una nueva tecnología, lo que diferencia a la modernización de una modesta actualización de lo pre-existente.

En este punto la reforma suele fracasar porque, en nuestras AAPP, cualquier paso, por menor que sea, necesita de un refrendo normativo que, ya sea de puertas adentro o en relación con los ciudadanos, se encuentra atrapado por un pesado procedimiento. Lo que podría ser, a menudo, una guía flexible y ágil, se transforma en una ardua sucesión y proliferación de normas que, además de un lenguaje intrincado, establecen itinerarios extensos, la acumulación de requisitos e interpretaciones controvertidas.

Lo anterior provoca, en último término, ineficiencias directas e indirectas. Entre éstas, la oxidación del conocimiento del empleado público que, de ser abogado, economista o ingeniero, pasa a metamorfosearse en perito de navegación por un piélago trufado de lastres, redundancias y equívocos.

La revisión de los procedimientos, mediante su clarificación, simplificación y consiguiente evitación de cargas internas y externas, es lo que precisa acompañar la tecnologización de las AAPP. Un maridaje que permita a ciudadanos y empresas ahorrarse los costes provocados por las inercias públicas y posibilite que el empleado público concentre su trabajo en lo que realmente importa: la revitalización y aplicación de su genuino conocimiento profesional.

El cuarto pilar de la reforma se sitúa en la organización de las AAPP, en teoría moldeada por sus objetivos políticos. Ocurre, sin embargo, que arrastramos estructuras del siglo pasado, siendo rehenes de un modelo que articula los recursos públicos en torno a categorías superadas desde que el siglo XXI nos sacudiera con la irrupción de ámbitos de creciente transversalidad. La salud, la formación, el medio ambiente o la innovación son ejemplos reveladores de ese cambio de paradigma.

El deslinde tradicional de competencias no sirve para abordar objetivos multidisciplinares, como los anteriores, porque existen interrelaciones que hacen saltar los hitos divisorios del pasado. Frente a quienes se obsesionan por acumular competencias, lo relevante es conseguir ser competentes; para ello se requieren estructuras flexibles y ágiles, incluyendo la superación de que el puesto de trabajo público vaya vinculado, de por vida, a destinos y categorías prácticamente inamovibles.

Quizás se entienda ahora mejor que la reforma de las AAPP haya sido, en España, un Guadiana recurrente y de incierta desembocadura. Sin embargo, a medida que el tiempo transcurre sin que se ponga en marcha con energía disruptiva, se intensifica el riesgo de que las AAPP queden atrapadas en la parálisis o sometidas a la influencia de hábiles grupos de presión, en lugar de sostener contundentemente su función básica de impulsar y proteger los intereses generales de la ciudadanía.

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