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Las paredes invisibles

A menudo siento la realidad llena de paredes invisibles que separan a las personas. En su pequeñez el hombre siempre necesitó un sentimiento de pertenencia al grupo para sentirse seguro. Y de esa necesidad surge la familia, las religiones, las sectas, las clases sociales, los sindicatos, los partidos políticos, los equipos de fútbol y hasta las universidades y los colegios.

Sin embargo algunos individuos siempre se sintieron fuera del grupo, en tierra de nadie.

A veces envidio a aquellos que pertenecen al grupo sin conflicto alguno. Sin duda pertenecer a una gran familia te hace sentir más protegido. Pero también sé que si las cosas se pusieran feas probablemente esos que parecen tan adaptados y normales se comportarían como meros peones.

Recuerdo que en el film Melancolía (2011) el director Lars Von Trier desarrollaba esta idea. La hermana «cuerda» queda fuera de juego en cuanto descubre que un meteorito estallará en pocas horas contra la Tierra, en cambio la loca de la familia sabe vivir la situación y es útil hasta el último momento. El recurrido tema sobre la cordura versus la locura. Quién es el loco y quién el cuerdo a veces sólo depende de las circunstancias .

Hay que ser muy valiente para ser líder, para ir por libre y para manejar situaciones complicadas. Ser lo que se llama un fuera de serie. Creo que es el caso de Greta Thunberg. Y más teniendo una patología como el Asperguer.

Las paredes invisibles sólo las ven algunas personas. Mucha gente está tan enfrascada en lo que dice el grupo y en obedecer que no ve nada de nada. Y se lo traga todo con embudo como las pobres ocas. Todas las razones y las excusas les bastan para no mover un solo dedo. Son esclavos del sistema y serán capaces de cualquier cosa por defenderlo. Sólo unos pocos tienen espíritu crítico y están llamados a inspirar a los demás para lograr verdaderos cambios.

En menos de un mes las casas de cientos de vecinos se ha inundado dos veces. Llevo más de catorce años viviendo aquí y nunca antes había sucedido. Que no me digan que esto es normal porque no me lo creo.

Hay gente que se reduce a verlo todo en blancos y negros. Y ahora se ríen de una niña, de Greta Thunberg. La critican por ser rara y por no ir al colegio. Dicen que trabaja al servicio de las empresas de energía renovable. Como si eso fuera un delito. Y se mueren de risa. Pero creo que reirán menos cuando vean sus casas o sus negocios inundados por el agua. Cuando entiendan que sus hijos probablemente tendrán una vida mucho más complicada y extrema que la que tuvieron ellos.

Se habla de infantilización de un tema tan serio como el del cambio climático como si ser adulto fuera ostentar el título del sentido común. Hay muchos adultos que eran mil veces mejores de niños.

Si hemos llegado hasta el punto de no retorno ha sido liderados por una serie de adultos incompetentes. Que ahora sea una niña la que haga que muchos abran los ojos me parece de lo más coherente. Ella no está intoxicada por miles de intereses creados. No es una esclava de nada porque aún no le ha dado tiempo de convertirse en eso.

No me gusta la persecución que está sufriendo. Me parece lamentable que la gente pueda reírse de ella y de su enfermedad. Tampoco creo que haya que mitificarla. No se trata de irse de un extremo al otro. Ella sólo es una niña valiente que se ha atrevido a alzar la voz y a dejar las cosas claras. Pero no es ninguna salvadora. Todos tenemos que trabajar en cooperación

Actualmente hay miles de personas diagnosticadas de Asperguer que hacen una vida normal. Es cierto que son personas que nos resultan extrañas y que tienen poca tolerancia al cambio. Pero no hay más que apreciar cómo Greta Thunberg se supera día a día. Acaba de atravesar un océano en un velero. Casi un mes de navegación. Me gustaría saber cuántos de los que se ríen de ella se atreverían a algo así.

En mi opinión es una persona con valor que ha dejado claro que el asunto climático no puede esperar más. Su mensaje ha sido muy simple: Escuchen a los científicos. Ni siquiera ha osado hablar como si supiera más que nadie, sólo ha pedido que se escuchara a los expertos. Y espero, por el bien de todos, que de una vez nos callemos y escuchemos.

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