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Maite Fernández

Mirando, para no preguntar

Maite Fernández

Y tú ¿cómo te mueves?

El nuevo concepto de movilidad va mucho más allá de ser una moda. Lo hemos comprobado este año en el que se ha convertido en un auténtico asunto de debate «eco-social». En su más amplio sentido. Hemos conocido la intención del gobierno de prohibir los vehículos diesel en 2040. La polémica sobre «Madrid central» ha formado parte de las conversaciones en corrillos de todo el país. Hemos visto viajar a Greta Thumberg en catamarán para evitar tomar un avión. En València nos han mostrado el estudio de cómo será la plaza del Ayuntamiento y la de la Reina cuando sean zonas peatonales y nos anuncian que en 2020 ya veremos circular por la ciudad coches eléctricos compartidos.

Los gobiernos municipales quieren conseguir que los coches pierdan el protagonismo que hasta ahora han mantenido en las ciudades. València, Bilbao, Zaragoza, Palma, Madrid o Barcelona están ya tomando medidas para que sus calles sean menos hostiles para el peatón. Reforzar el transporte público, ampliar la flota de autobuses eléctricos, restringir la circulación de los vehículos más contaminantes o peatonalizar zonas, son algunas de las iniciativas dirigidas a reducir la contaminación, el ruido y las emisiones de CO2.

La movilidad está viviendo una revolución que se está extendiendo rápidamente a nivel mundial. En buena medida con la ayuda de la tecnología, surgen nuevos modos de transporte o distintos usos de la forma en la que nos desplazamos. Patinetes, motos o coches eléctricos se presentan como los sustitutos ideales de los coches que a diario circulan por la ciudad. Nuevos vehículos que, en muchas ocasiones, son de propiedad compartida. Empezamos a movernos de manera diferente, por fortuna menos contaminante. Pero ni todos podemos hacerlo, ni parece que las ciudades estén preparadas para ello.

Parece estar claro que, por convicción, por necesidad o por regulaciones municipales o estatales, los cambios se producen cada vez más deprisa. Muy pronto los vehículos autónomos serán una realidad que simplificará nuestra forma de viajar, si, pero necesitará toda una infraestructura que ya debería haberse iniciado. «En 10 años tener un coche será algo tan exótico como tener un caballo», dice Elon Musk. Pelín exagerado creo que es, pero apunta una tendencia que posiblemente no tenga marcha atrás.

Lo queramos o no, nos guste más o menos, uno de los pasos fundamentales para promover la movilidad sostenible consiste en invertir la pirámide de la movilidad. Hoy por hoy el vehículo privado se encuentra en lo más alto de esta figura. Ahora no se trata de ir contra el coche, que sigue siendo imprescindible para mucha gente que no tiene otra posibilidad, por ejemplo, para ir al trabajo. Se trata de conseguir que sea el peatón el que tenga el protagonismo que merece en la ciudad.

La pregunta es, ¿existe una visión clara -y estable en el tiempo-, de lo que cada ciudad necesita para conseguir ese nuevo concepto de movilidad más sostenible y donde el peatón sea el principal protagonista? Porque hace falta no sólo eliminar el tráfico de determinadas zonas, sino crear la infraestructura necesaria, por ejemplo, para suministrar electricidad a los nuevos vehículos «zero emisiones· o establecer las zonas donde lleguen los vehículos compartidos sin colisionar con el transporte público. Y por supuesto si a las empresas se le exige que tengan espacio para que los trabajadores guarden sus patinetes o bicis, los edificios públicos deberían ser los primeros que deberían dar ejemplo y disponer de ese espacio para los funcionarios. La tecnología se ha aliado en este sentido con la sostenibilidad y está marcando un camino. Pero la tecnología no va a resolver los retos de movilidad. Es imprescindible que la Administración se posicione. La movilidad es una prioridad.

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