Suscríbete

Levante-EMV

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Ser machista

2020 está a la vuelta de la esquina, pero ya nos ha dejado la primera polémica en 2019. El 1 de enero llega a España -por fin- lo nuevo del maestro Clint Eastwood. Que, al parecer, ha "alterado una historia real de forma machista". Un periódico de Atlanta ha protestado contra director y productora de Richard Jewell porque la periodista que investiga un atentado con explosivos se acuesta -en la ficción- con uno de los agentes a cargo del caso.

Una podría entender que los familiares de la mujer en la que se basa el personaje -que falleció en 2001- se sintieran ofendidos por esta modificación de los hechos. Pero resulta que el Atlanta Journal-Constitution y la empresa editora, Cox Enterprises, han enviado una carta a Eastwood y a Warner Bros quejándose de que a la reportera se la presenta como alguien que utiliza relaciones ilícitas para obtener información. Son muchos los prejuicios sobre los periodistas. Y sobre las mujeres periodistas -se lo digo yo-. Uno de ellos es que el sexo tenga una motivación oculta. Como si no pudiéramos acostarnos con compañeros, jefes o fuentes si no es a cambio de algo.

En la misiva, el diario se lamenta de que parece que aceptan que se ofrezca sexo a cambio de historias, lo que considera "difamatorio, malicioso y dañino". Como si una empresa periodística tuviera algo que decir sobre la vida íntima de sus trabajadoras. Me pregunto si la indignación sería similar si fuera un varón el que seduce a una agente de policía. Pero, ojo, que lo mejor viene al final: exigen que Warner Bros "reconozca públicamente que algunos hechos son imaginados con intención dramática y que a la hora de presentar ciertos hechos y personajes se ha tomado licencias artísticas". Quieren que se añada a la película una advertencia a los espectadores en ese sentido.

Aquí el insulto ya es triple: como mujer, como periodista y como adulta racional, capaz de distinguir la realidad de la ficción. Me empiezo a hartar de esa clase corrección política que me toma por gilipollas, que considera que tiene que explicarme que en una película -aunque sea basada en hechos reales- se toman licencias artísticas y se imaginan elementos. Como si fuera una niña de 5 años. Como si fuera necesario exigirle a Steven Spielberg que reconozca y deje bien clarito en los créditos que se inventó lo del camión asesino y lo de los dinosaurios para no tener pesadillas por la noche. Menos mal que Goya pintó La maja desnuda y Rubens Las tres gracias sin tanto censor.

Porque resulta que Clint es machista. No como Star Wars, que ahora fomenta la igualdad de género, 40 años después de que Leia fuera -con toda naturalidad- una heroína y una autoridad en un mundo de hombres. Convendría no llevar la injusta discriminación que padecen aún muchas mujeres al terreno únicamente emocional. Corremos el riesgo de que -como pasa con 'fascista'- implique tantos niveles de denuncia que pierda cualquier significado estable que haya tenido. Si todo es machista, nada lo es. De ese hartazgo de lo políticamente correcto, se aprovechan los populismos para mezclarlo con elementos mucho más peligrosos. Y acaban defendiendo la prisión permanente revisable para violadores a la vez que tachan de desproporcionada la condena de 38 años de cárcel a tres adultos por acostarse con una niña de 15 años, justificando en los comportamientos de ella el sexo grupal con quien no tiene edad para ofrecer un consentimiento válido. O llamando conejos a los hijos de madres solteras. Eso sí es machista.

Compartir el artículo

stats