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La ventana

Bajo el aroma del agobio

Algo del encuentro con una colla amigos capaz de cincelar una velada entrañable, uno de esos momentos Nescafé a pesar de que ninguno suele tomarlo pero es que el poder de la publicidad continúa transcribiéndola así en nuestro caprichoso cerebrito. Arranco el motor de vuelta a casa y, al asomar el morro, advierto el berenjenal que hay por la derecha, de modo que cojo a la izquierda donde topo con que, nada más dar a la avenida, los conductores están retenidos. Se avista enfollonada la derecha, mientras que tirando a la izquierda no hay forma de avanzar. Qué bien. A los diez minutos sigo clavado en el cacho de asfalto al que me incorporé. Resulta extraño porque ni son horas ni hay colegios en estas fechas. Instantes después un factor despeja dudas y me saca abruptamente de la inopia. A lo lejos, los destellos de unas luces que no son las de ningún árbol de Navidad sino las de un control aclaran el enigma. De pronto, se evapora el aroma del Nescafé y coge el testigo el pedazo de vermú nada imaginario que he tomado durante la espera del rezagado, más una cañita y el tinto correspondiente acompañando los platos. En un segundo pasa ante mí todo eso y más ya que además mi voiture anda en plena revisión y voy a la grupa de uno con el que no estoy familiarizado, acreedor a una pinta así, a bote pronto, de tenerlo crudo para pasar la iteuve y del que desconozco si lleva los papeles de rigor en la guantera. Un sudor frío me recorre el espinazo. Miro la mediana y concluyo que, saltarla, no es solución. Renuncio, pues. Bajo la ventanilla para que me dé el aire y pruebo a todo meter distintas caras que poner una vez alcance el trance supremo a fin de intentar evitar la crucifixión. Pienso en Robert de Niro, pero no sé si es peor. El momento de la verdad se acerca...y, cuando me veo a diez metros, ¡dios mío!, los agentes levantan el campo y, aunque estoy completamente a favor del requerimiento en cuestión, no oculto que anduve a punto de la lagrimita. También influyó en esto asumir que no iba a tocarme dos veces seguidas la lotería.

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