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Picatostes

Que reste-t-il de nos amours

Que reste-t-il de nos Amours ?/Que reste-t-il de ces beaux jours… Qué ha quedado de nuestros amores, de aquellos bellos días…Como el protagonista de la canción del maestro Charles Trenet a veces me interrogo, no tanto por los amores juveniles del ayer, sino por aquellos compañeros de pupitre del colegio, del instituto o la Universidad con los que compartí tantas mañanas y tardes; esa «tarde parda y fría de invierno» que evocaba el verso machadiano, «monotonía de lluvia tras los cristales» frente a una pizarra donde se enlazaban las ecuaciones y las declinaciones de latin. Las fórmulas químicas y las oraciones subordinadas. La memoria es como un baile caprichoso que te desliza sin cinturón de seguridad sobre la pista de los recuerdos a su antojo y conveniencia. De repente, sin saber cómo ni por qué, viene aquel compañero de colegio al que intentas reconstruir su rostro, seguramente señalado por un incipiente vello facial o un aparato corrector dental y al que sin querer -¿sin querer?- le hiciste tu primer bullyng cuando aún esta palabra no había hecho acto de aparición. O aquella chica, en medio de la fiebre de la pubertad que llevaba loco a toda la clase, viéndola saltar y jugar con el aro en el patio del instituto durante la clase gimnasia. Quizás ejerza de inspectora de hacienda o esté ya jubilada como profesora de lengua española y reparta su tiempo entre sus nietos y la guardería y las clases de mindfulness. Y de aquel compañero con el que fumaste el primer porro durante un viaje escolar por tierras de Galicia, igual es uno de los irreductibles activistas que se dedican a repoblar la llamada España vaciada. O aquella otra chica que llegó en medio del curso, evocas ahora su nombre, ¡Macarena! que alimentó la imaginación de los primeros grafitis en los servicios de chicos. Vuelve la vieja dama de la memoria y ahora es el turno de aquel profesor de francés que nos traía los versos cantados y la voz poco común -para nosotros- de Jacques Brel cantando Le Plat Pays… Avec la mer du nord… Aunque aquel norte brumoso de Flandes nos quedaba muy lejos, tan lejos como el futuro donde nos convertiríamos sin querer en adultos. O ese otro profesor que nos instruía con el cuento de El Principito o como un sombrero era en realidad un elefante engullido por una boa.

En alguna ocasión me ha llegado la invitación para participar en un encuentro de antiguos alumnos con motivo de algún aniversario, pero dada mi misantropía -de baja intensidad- y alérgico a cualquier forma de asociacionismo o vocación gremial, he desestimado la oportunidad. Quizás en el caso de haber asistido me hubiera enterado que aquel compañero y genio infantil de las matemáticas, después de una exitosa carrera como asesor bursátil ha acabado en la cárcel acusado de fraude fiscal. O de mi compañero de pupitre de Bachiller, todo un as sobre el plinto a la hora de hacer piruetas, que un buen día decidió cambiar de género y hoy trabaja como profesora de natación sincronizada.

Hasta es posible que alguno milite con éxito en un partido político o ejerza de director general en la administración. El otro día, por culpa del documental de Joan Monleón, me encontré con Manel Chaqués que trabaja en sus cosas de cultura institucional y con el que compartí cursos universitarios y hasta un viaje de fin de estudios ahora no recuerdo, si a París o fue a Viena. En aquellos viajes también nos acompañaba Cristòfol Aguado, otro compañero de aula, que desgraciadamente nos dejó muy pronto. Con Cristòfol Aguado realicé una de las visitas más divertidas de mi vida a la casa de Joan Fuster, que nos acogió, entre sorprendido y curioso por aquella troupe de universitarios descarados que se presentaban en su casa del Carrer Sant Josep de Sueca. En aquella visita también me acompañaba Josevi Plaza que estos días anda liado preparando una exposición sobre el diseñador Francis Montesinos para el Muvim que repasará la trayectoria profesional del creador desde aquella botigueta de la Plaça de Sant Jaume que ponía modernidad en la València de los primeros años setenta. De vez en cuando también me encuentro con Carme Arnal, compañera de instituto, que ahora desde su tienda Oldies Discos continúa dando aliento al querido vinilo de nuestros años juveniles. Cuando nos vemos recordamos aquellas tardes de baile a la salida del instituto en una discoteca de l’Horta Nord donde nos agitábamos con los primeros discos que llegaban de T.Rex. Get it on, bang a gong, get it on.

Los inicios de año siempre vienen señalados por las efemérides y los aniversarios. Un cajón de sastre donde se mezclan los 75 años del nacimiento de Bob Marley y los 75 años del suicidio en su búnker berlinés de Adolf Hitler y otros camaradas del staff nazi. Seguro que ambas muertes serán recordadas y darán para más de un artículo en magazines y revistas de historia. Como también lo serán los 30 años de la desaparición de Greta Garbo, los ochenta del estreno de la pelicula Pinocho de Walt Disney o los también ochenta años del primer McDonalds que abrió sus puertas en la localidad californiana de San Bernardino. Este último, sin duda el acontecimiento más transcendente en la historia de la gastronomía desde que el Homo erectus descubrió el sabor de las costillas de gamo de a la barbacoa.

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