30% DTO ANUAL 24,49€/año

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Volando bajito

No es igual, pero es lo mismo

Curioso. En un paso de peatones una mujer me pide que la escuche. Mal sitio. Subimos a la acera y me pregunta si no la conozco. Ni idea. Poco a poco me aporta detalles y entonces la recordé vagamente hasta que me vino una escena familiar; su forma de saludar.

Fue vecina de mi madre, tenía nueve hijos, era habladora y risueña. Recordé que un día desaparecieron, ella y sus hijos. Los rumores se extendieron por el barrio pero la vida caminaba tan rápido que nadie preguntó por ellos. Había cosas más importantes que hacer.

Y de pronto recordé de su historia y por si acaso le pregunté y sin entrar en detalles me dio las claves. Le gustaría contar su historia pero no le beneficiaría, de manera que contó lo que yo ya sabía. A principio de los noventa su marido, un hombre alto, moreno y guapo, comenzó a trabajar en una importante empresa, un amigo le abrió la puerta, y en poco menos de un año ascendió. Era listo y osado. La empresa para la que trabajaba gestionaba préstamos, una financiera. Los clientes pedían dinero y él, enmascarando falsos avales, concedía esos préstamos, les pedía unas firmas y, finalmente, se quedaba con buena parte de ese préstamo. Poco a poco llegaron las quejas de los clientes y la empresa comenzó una investigación, pero lo hizo discretamente. Nadie lo sabía, bueno, nadie menos el marido de la mujer que desde que pudo fue al aeropuerto y huyó a un país de Sudamérica. Iba por delante de la investigación. «Yo pensé que tu marido había atracado un banco...» «No, no, él les robó a los clientes, no al banco». Que no es igual, pero es lo mismo.

Cuando el caco entendió que ya no estaba en peligro comenzó a tirar de sus hijos hasta que completó la reunificación en Uruguay. Ahora trata de hacer lo mismo pero en Canarias y supongo que con una economía saneada.

Compartir el artículo

stats