13 de febrero de 2020
13.02.2020
Tribuna

Amor, fidelidad y felicidad ¿Y después de los 50?

13.02.2020 | 19:17
Amor, fidelidad y felicidad ¿Y después de los 50?
Amor, fidelidad y felicidad ¿Y después de los 50?

El Dr. Rodolfo Linás médico neurofisiólogo colombiano dedicado al estudio de las conexiones entre el cerebro y las emociones, investigando con pruebas de neuroimagen, asegura que lo que realmente modifica estructuralmente el cerebro es la emoción y no la razón. Es decir, los sentimientos de amor son capaces de cambiar la estructura cerebral antes que lo racional.

El área del cerebro donde se ubica el amor (área límbico-amídalar) es una de las partes más antiguas del cerebro y filogenéticamente fue una de las primeras en desarrollarse. Para nuestros ancestros, el amor ya representaba una emoción crucial de supervivencia, necesitamos amar y sentirnos amados actuando este sentimiento como un motor activador y motivador en la vida.

Muchas veces oímos: "el amor mueve montañas", "es lo que mueve el mundo" y realmente cuando una persona se siente enamorada es así. Su cerebro está inundado de hormonas y neurotransmisores de la felicidad (oxitocina, serotonina, adrenalina, dopamina€), que le aportan una energía psíquica fuera de lo común, haciendo posible que consiga retos inesperados y un estado de felicidad soñado.

Junto al amor va de la mano el deseo, la pasión y el sexo. Las diferencias del sexo con amor y sexo sin amor (sin sentimientos que medien ese deseo) serían como bailar o hacer gimnasia.

Bailas con placer, sintiendo a tu pareja al ritmo de la música, teniéndole en cuenta, modulando para moverte sincrónicamente con ella. Cuando bailas sintiendo el baile, no buscas conseguir veinte piruetas perfectas sino dar una inolvidable, como cuando se unen sexo, pasión y amor, ingredientes perfectos que entre ellos se retroalimentan. La intimidad sexual que se comparte, es el complemento perfecto para aumentar ese sentimiento de amor que está naciendo y al contrario, al sentir amor el deseo y la pasión se desatan y fluyen por todos los poros de tu cuerpo transformando el momento de intimidad en algo único.

En cambio cuando tienes sexo sin amor, sólo por puro placer es diferente, se parece más a hacer gimnasia, porque apetece, pero no sientes que tengas que cultivar ni cuidar especialmente la relación más allá de ese momento, lo importante es la intensidad de la experiencia presente.

El amor cuando aparece es como una golosina y quien está enamorado se vuelve goloso, deseas tener más y más amor de la persona que amas. Para que el amor perdure, tenemos que hacernos auténticos profesionales entregados a la causa, porque el amor precisa cuidados y dedicación, hay que cultivarlo y mimarlo porque la relación amorosa depende de ellos, no es que funcione o no funcione, la hacen funcionar ambos. La fidelidad en la relación de pareja es importante, pero no solamente la fidelidad sexual, sino la lealtad ante situaciones de fragilidad personal en
las que necesitamos el apoyo incondicional de nuestra pareja.

Los hombres primitivos eran propensos a la poligamia. Desde la psicología evolutiva Satoshi Kanazawa ha estudiado la evolución de algunos hombres hacia la monogamia y ha podido demostrar y publicar en la Revista Social Psychology Quarterly, que los hombres fieles presentan un mayor cociente intelectual. Las personas más inteligentes tienden a adoptar prácticas más nuevas, por lo tanto más evolucionadas. Son personas más abiertas que cuestionan más los dogmas. Por eso no es casualidad la coincidencia objetivamente medida, entre hombres que se definen como
fieles y que tengan un mayor cociente de inteligencia que los que prefieren la promiscuidad. Resulta mucho más inteligente (y práctico) establecer una buena relación de pareja e ir nutriéndola y refinándola, viviendo de manera tranquila y relajada, que ir saltando de relación en relación. Para ser infiel se precisa de mucho tiempo libre y mucha
disposición emocional para el conflicto. En las mujeres la relación fidelidad-inteligencia fue diferente porque salió que la mayoría (independientemente del cociente intelectual), valoraban la fidelidad.

Una pregunta frecuente: ¿A los 50 o más te puedes enamorar? El amor nace y surge a todas las edades. Cuando aparece sorprende y es muy típica la sorpresa de personas de cierta edad cuando lo viven. Las relaciones de pareja maduras son aquellas en las que nos encargamos de cultivar, cuidar, nutrir, apoyar, ayudar, mimar, proteger, respetarse.
Me detengo en el respeto como ingrediente fundamental en una relación amorosa. Iniciar una relación de amor a cierta edad implica que por el vínculo amoroso dos personas de cierta madurez y experiencia vital se encuentran y deciden unir sus vidas. Generalmente las experiencias previas amorosas impregnan la manera de vivir las siguientes relaciones de pareja. A cierta edad se tiene muy claro sobre todo, lo que no quieres, lo que estás dispuesto a dar y cuáles son los límites.

En las parejas tardías el respeto es igual de importante que en las más jóvenes. El respeto mutuo es uno de los pilares más importantes de la pareja y no tiene ninguna justificación lo contrario. Sin respeto no es posible una buena y sana relación de pareja. Ese respeto debe ser siempre sin excusas, es una barrera infranqueable y no vale saltársela ante momentos de ofuscación o excitación en medio de una discusión y después justificarlo como si fuera un argumento diciendo: "disculpa estaba cabreado". Evidentemente discutir y discrepar es inevitable e incluso a veces estimulante, pero sin romper las reglas porque si se rompen creamos un precedente peligroso, se terminó el respeto y llegados aquí es el principio del fin.

Si habitualmente (por no decir siempre) el respeto es fundamental en las relaciones interpersonales, en las relaciones de pareja tardías, todavía cobra más valor, porque se encuentran dos personas con vidas cargadas de experiencias, vidas muy hechas cada uno a su manera y gustos y con cargas emocionales en sus mochilas a veces muy pesadas. Vidas con heridas (algunas cicatrizadas y otras todavía sangrando), con recuerdos y experiencias anteriores, hijos, hijas más o menos fáciles, padres o madres más o menos dependientes, más o menos incómodos, costumbres y manías (que no son lo mismo)€ No puedes llegar y pretender cambiarlo todo "por amor", ni lo suyo ni lo tuyo. Se trata de adaptar ambas vidas hasta un punto de confort que satisfaga a ambos y les haga sentir esas ganas de seguir amándose. Si los condicionantes de tu nueva pareja te impiden ser feliz, difícil solución.

Amar a cualquier edad y construir una buena vida en pareja, es una de las experiencias más relevantes y trascendentales que podemos vivir y disfrutar. Se puede disfrutar juntos de muchas maneras, puede ser realmente maravilloso porque además en esta etapa de la vida (más allá de los 50), somos mucho más conscientes del paso del tiempo y no queremos perderlo en relaciones tormentosas. En estas edades, una convivencia con los ingredientes descritos asegura que se han encontrado dos personas que se quieren de verdad y que han acertado, podrán hacerse felices y vivir con la tranquilidad de que, estés trabajando, de compras, con tus amigas y amigos, de viaje, enfermo, durmiendo€sabes que cuando llegues no ha cambiado nada, hay alguien que te espera y sigue queriéndote.

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