14 de febrero de 2020
14.02.2020

Eutanasia y la libertad de decidir

14.02.2020 | 20:35
Eutanasia y la libertad de decidir

La política nacional ha conseguido embarrarse de una forma absolutamente incomprensible en los últimos tiempos. Un claro ejemplo de ese tono grisáceo que ha adquirido el Congreso lo hemos vuelto a vivir con el debate sobre la eutanasia, donde nuestros representantes han demostrado que su nivel intelectual y dialéctico ha baja hasta cotas insospechadas. En este momento, parece imposible alcanzar ningún tipo de acuerdo, aunque hablemos de cuestiones de especial sensibilidad y sobre las que existe un amplio consenso en la sociedad española.

En ese sentido, puedo llegar a entender a aquellos que se posicionan contra la eutanasia por cuestiones personales de índole moral o religioso, ya que incluso tengo mis dudas sobre la respuesta que adoptaría de tener que enfrentarme a una decisión tan compleja, pero me parece repugnante que se vincule este tema a una pretendida maniobra maquiavélica de la izquierda para ahorrarse los costes en la atención a personas mayores y enfermos crónicos, tal y como llegó a afirmar el diputado popular José Ignacio Echániz.

Aquellos que utilizan ese argumentario simplista, deberían revisar las reiteradas encuestas que se han realizado al respecto, entre ellas la que publicó en septiembre pasado Levante-EMV, donde se afirmaba que ocho de cada diez valencianos y valencianas defienden la eutanasia. Lógicamente, ese 80 por ciento no piensa en la eutanasia en clave de reducción del gasto sanitario o porque el Estado les empuja al fallecimiento, más bien al contrario, son personas que quieren disfrutar una vida en plenitud y tener también una muerte lo más digna posible.

Por ello, debemos abogar por una ley garantista, donde también se respete el derecho a la objeción de conciencia para los facultativos que no quieran realizar esta práctica, y sobre todo, que se ponga en valor la libertad individual del paciente, al que se le ofrece un derecho para pedir o no dicho auxilio, que en ningún caso puede entenderse como una obligación. Así, es necesario establecer unos plazos y mecanismos en los que no sólo se ayude a morir cuando nos encontremos ante una enfermedad incurable y que esté generando un sufrimiento y dolor que resulte insoportable, sino que además, debemos asegurarnos que la decisión se ha adoptado de forma libre y suficientemente meditada.

Como ha ocurrido con muchos otras leyes que se han abierto paso en España en las últimas décadas, no tenemos que asustarnos por el hecho de que podamos ejercer con libertad nuestros derechos, ya sea en un sentido u otro, puesto que eso forma para de nuestra esencia como ciudadanos y como democracia.

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