20 de febrero de 2020
20.02.2020

València, ¡más ambición!

20.02.2020 | 19:41
València, ¡más ambición!

La Comunitat Valenciana, y en especial su capital, deben hacer planes de futuro, más allá de exigir el corredor mediterráneo o una financiación estatal justa. No hay que desistir de esos objetivos, que son relevantes, pero daría la impresión de que le han nublado la vista a la Generalitat que parece encallada, incapaz de trazar otros proyectos. Y en ese encallamiento parecen también encontrarse las asociaciones de empresarios y los sindicatos.

La Generalitat debe tener más ambición, impulsando nuevos proyectos que cimenten con solidez el futuro de los ciudadanos valencianos, y en esa estrategia debería implicarse el empresariado, los partidos políticos, los sindicatos y la ciudadanía. En algunas ocasiones se abren ventanas de oportunidad para determinados territorios, y hay que decir que, en nuestro caso, se abre una gran ventana de oportunidades como consecuencia de que los independentistas catalanes estén conduciendo, con mano firme, a la decadencia a Cataluña. Es bien sabido que los catalanes han explotado con enorme acierto, a lo largo de la historia, sus disidencias con el Estado, hasta el punto de que puede decirse que desde hace décadas se vendió paz territorial por ventajas económicas. Pero, en todo caso, sea cual sea el devenir de Cataluña, a la que deseamos lo mejor, la Comunitat Valenciana debe hacer planes de futuro.

València está en la mejor situación geográfica que pueda concebirse en el Mediterráneo, por ser el puerto más cercano a Madrid, por sus excelentes comunicaciones con el norte y el sur de España, por su cercanía al norte de África y, sobre todo, por la masa critica que atesora nuestra sociedad. No es difícil pronosticar que la ambición de la Comunitat Valenciana debe situarse en dos asuntos fundamentales. Por un lado, en las infraestructuras y, por otro, en la apuesta tecnológica.

La ampliación del puerto y del aeropuerto de València tiene una importancia estratégica de primer orden, como generadoras de riqueza y de empleo. El incremento del transporte marítimo de mercancías y de personas es espectacular en el presente y se puede vaticinar que se incrementará en los próximos años. Si el puerto no se amplia, la Comunitat Valenciana perderá la oportunidad de liderar el transporte portuario en España y en el sur de Europa. Y a dicha ampliación hay que asociar las infraestructuras necesarias viarias y ferroviarias para su mayor eficiencia. Por lo que se refiere al aeropuerto de València puede decirse algo similar. Su insuficiencia es alarmante, ni se corresponde al presente del área metropolitana valenciana ni a las posibilidades futuras, pues resulta evidente que su posición en el mapa es igualmente privilegiada. A la vista de la saturación del aeropuerto de Barajas (que es la primera empresa por número de empleados de Madrid), el de València tiene la oportunidad de convertirse en un gran aeropuerto de la misma naturaleza que el de Fráncfort, el mayor aeropuerto de Alemania, que ha producido unos efectos económicos extraordinarios para la ciudad y para el Estado de Hessen. Fráncfort es una ciudad con menos habitantes que València y tiene una situación estratégica menos relevante, sin embargo, compitió y consiguió ganar la partida a ciudades más ricas y potentes como Hamburgo, Múnich o Colonia.

Se trata de infraestructuras que debe financiar el Estado y la Unión Europea, y para que esto suceda es necesario ejercer una considerable presión por la Generalitat acompañada por la sociedad valenciana, y sin duda por el empresariado valenciano. Hay que recordar que siendo presidente de la Generalitat Joan Lerma y alcalde de la ciudad Pérez Casado se afrontaron en València grandes obras públicas, particularmente de saneamiento, y la creación sobre el cauce del rio Turia del mayor parque urbano de Europa; y que se inició también por un gobierno socialista la ciudad de las ciencias, que culminaron con dudoso acierto los gobiernos del PP. No era más fácil afrontar esos proyectos que los que proponemos, aunque los que proponemos pueden tener un impacto económico extraordinario.

El segundo de los objetivos a que nos referíamos es el de atraer hacia València la inversión española y extranjera de empresas tecnológicas, en particular las orientadas a las nuevas fuentes de energía. Lejos de la política inversora-espectáculo, que propició el Partido Popular en su etapa de gobierno, es hora de que València aspire a ser la versión española del silicon valley. Un gobierno progresista no debe olvidarse de los ciudadanos, ni a corto ni a medio ni a largo plazo. De manera que hay que preservar y hacer más eficiente el estado de bienestar en lo que a la Generalitat compete, pero hay que pensar no solo en el presente sino en el futuro. En el medio y largo plazo, para poder distribuir la riqueza y no la pobreza. No debe olvidarse que la renta per cápita de la Comunitat Valenciana está por debajo de la media española.

El futuro es tecnológico y València debe estar en ese futuro. Las empresas y los inversores necesitan condiciones favorables y seguridad jurídica. Y está en manos de la sociedad y de la Generalitat Valenciana ofrecer ambas cosas. Las dotaciones universitarias, la experiencia empresarial, o las dotaciones de profesionales competentes de la Comunitat Valenciana solo son aventajadas en España por la Comunidad de Madrid, y una masa critica de esa envergadura es indispensable para tomar posiciones en la competición por crear y atraer empresas tecnológicas. Además, clima, comunicaciones, infraestructuras y ocio son factores en que la Comunitat Valenciana está situada a primer nivel en Europa.

Pero además de esas condiciones favorables, las empresas necesitan seguridad jurídica. La empresa automovilística norteamericana Tesla, que fabrica automóviles impulsados por energía eléctrica, había pensado instalar su empresa en Barcelona pero cambió de opinión al conocer la deriva independentista, y se ha instalado en Berlín. La Comunitat Valenciana, lamentablemente, no contó para dicha empresa, probablemente porque consideró que tampoco ofrecía la seguridad jurídica necesaria. La seguridad jurídica no es una cuestión baladí, y la Generalitat debiera reflexionar sobre este asunto y llevar a cabo cuantas rectificaciones sean necesarias: Seguridad jurídica y ventajas urbanísticas y fiscales proporcionadas a las inversiones que se lleven a cabo. La empresa automovilista Ford, en tiempos de la Dictadura, se instaló en Almussafes a causa de las ventajas que se le ofrecieron y, desde entonces, es preocupante que ninguna otra gran empresa extranjera que genere empleo significativo (al margen de las escaramuzas de empresas de ocio, como en su caso fue Disney) se haya interesado por València o por la Comunitat Valenciana. Y cuando esto sucede, en un mundo extraordinariamente competitivo como el nuestro, lo que procede es revisar lo que se está haciendo. No es suficiente dar carpetazo a la nefasta etapa de la inversión-espectáculo, es necesario propiciar la inversión productiva que garantice el futuro de los ciudadanos de esta Comunidad.

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