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Picatostes

Aguas de marzo

Sería por los años setenta- siglo pasado - cuando descubrí la canción Aguas de marzo. El descubrimiento se produjo en la versión italiana cantada por Mina, La pioggia di marzo, una excelente adaptación del letrista Giorgio Calabrese del original brasileño incluida en el álbum Frutta e verdura. El ritmo encadenado y excitante y las imágenes en torrente que salían de la voz de la diva italiana no te podían dejar indiferente, Te atrapaban como en una sesión de hipnosis, encantamiento o ceremonia mágica y te dejabas deslizar por aquella corriente que hablaba de « é il sonno e la morte /è credere no/ Margherita di campo/ è la riva lontana/ è la Fata Morgana€». Después vino la versión original brasileña y la voz de otra diva suprema, Elis Regina, y la cosa ya alcanzaba niveles reales. Digamos que en la autoría de la canción se encontraba otra leyenda, el compositor Antonio Carlos Jobim, el músico que había vertebrado el nuevo sonido brasileño con el motor turbo que había significado la bossa-nova para la música del país ultramarino. Despues la canción ha seguido caminando y caminando en otras voces hasta adquirir la categoría de clásico. Entre las últimas, una más que excelente versión a cargo de dos jovencísimas cantantes, Alba Armengou y Rita Payés de la Sant Andreu Jazz Band. El video de la actuación en el Palau de la Música Catalana está disponible en You Tube y es muy recomendable. Eso si que son 'Talent Kids' sin necesidad de jurados melodramáticos y artificiosos.

El mes de marzo ha dado títulos o ha servido de argumento para otras canciones. Echo mano del listín y escucho a un flamante Joan Manuel Serrat abriendo los recitales, aquí al Teatro Principal de València en la primavera de 1970, dando la bienvenida y cantando el 20 de març, un canto bucólico a la llegada de la primavera donde no faltaban pájaros, conejos, perdices y otros pasajeros epifánicos de la estación primaveral. Los siempre imprevistos y airados vientos de marzo también están presentes en otro clásico del cancionero, la preciosa balada These Foolish Things, otro de esos temas que todo intérprete quiere tener en su repertorio discográfico. Entre otras versiones me quedo con la de Jane Birkin que se podía escuchar en la banda sonora de la película Daddy nostalgie con un inolvidable Dirk Bogarde poniendo fin a su carrera: «The winds of March that make my heart a dancer€».

Es posible que el mes de marzo no haya tenido un predicamento musical tan poético e insistente como abril o mayo, meses mucho más solicitados en las agendas de las musas musicales que en más de una ocasión han tenido que poner el cartel de 'sold out' a la vista de las reservas. Solo de abril señalemos: April in Paris, April Love, April Fool, I'll Remember April, entre otros clásicos del cancionero anglosajón. O más cerca, ¿Quién me ha robado el mes de abril? de Joaquin Sabina. Hay también todo un subgénero musical dentro de la canción, llamémosle 'estacional', el dedicado a rubricar las estaciones del año. Del otoño a la primavera, y del inverno al verano, musicos, letristas, intérpretes, han dejado sentir su queja melancólica o su gozo temporal. Del tormento invernal al éxtasis estival. Un género menor como la canción que no ha hecho más que repetir el modelo de su hermana mayor, la poesía, en esta cosa del calendario lírico y los estados del alma. El gran maestro Cole Porter para su oda a la ciudad del Sena, I Love Paris, reunió a las cuatro estaciones en una canción para cantar la belleza de la ciudad en cualquier época del año. Porter, como otros americanos ilustres y libertinos, vivió sus años locos en el Paris de entreguerras mientras Josephine Baker agitaba su minivestido de bananas y enseñaba buena parte de su anatomía al auditorio.

No sé si ahora los creadores musicales, letristas, se sienten muy estimulados por los cambios estacionales en sus composiciones como para rendirles tributo. O por el cambio climático por señalar otro accidente meteorológico. La llamada 'canción del verano', género estacional por excelencia, ya hace tiempo que dejó de tener letras que hablaban del sol, la playa, la arena, el mar azul y otros componentes. Por otro lado, a la vista de los pronósticos meteorológicos que anuncian un mes de marzo con temperaturas de auténtico verano, se entiende que las musas estacionales anden un poco confusas y revueltas. Si a eso añadimos la 'tempestad coronavirus' sin duda este mes de marzo se presenta pero que muy caliente. Sólo falta que el virus llegue hasta la isla de Supervivientes y se les prohíba practicar, entre otros trabajos domésticos, el 'edredoning'.

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