El coronavirus nos está poniendo a prueba en muchos sentidos. A mí, como asesor financiero, me toca explicar a clientes, amigos, vecinos, desconocidos, preocupados por sus ahorros, qué está pasando estos días en los mercados financieros. Creo que, en estos momentos de incertidumbre, incluso de miedo, cada profesional debe ayudar al prójimo difundiendo con transparencia sus conocimientos y experiencias. Los míos provienen de más de 30 años de family banker en Mediolanum.

Empezaré recordando que, aunque los mercados siempre viven los acontecimientos con intensidad, los negativos se afrontan con especial dramatismo, como constatamos con la pandemia del coronavirus, que ha arrastrado a las bolsas mundiales a caídas históricas.

Este artículo no es lugar para valorar el impacto social, ni siquiera el económico, que pueda acarrear la pandemia. En realidad, mi intención es, precisamente, hacer comprender que, al margen de su efecto a corto y medio plazo, las aguas siempre vuelven a su cauce. Así ha sido en anteriores debacles y lo será con el Covid-19.

Sé que resulta difícil mantener la calma cuando el Ibex 35, por citar un índice ?todos se han desplomado en estos días?, ha bajado en tan solo 20 sesiones cerca de 3.500 puntos, lo que supone un tercio de su valor. Estamos, pues, ante una de las caídas más intensas, y sobre todo rápidas, de la historia del índice español; podríamos decir que casi en paralelo a la velocidad de expansión del virus por el mundo. Soportaremos subidas extremas un día, seguidas de profundas caídas y vuelta a empezar; no habrá tendencia. Mi consejo es abstraerse un poco de la evolución de estos días. Como inversores no podemos evitar que pasen cosas buenas y cosas malas; pero sí debemos saber gestionar el caos. Dejarnos arrastrar por el pánico, como si estuviésemos al borde del fin del mundo, no es lo más sensato para velar por nuestros ahorros. La venta, o la compra, precipitada es un error que se paga caro.

Aquellos inversores que funcionan con una estrategia clara de inversión, establecida generalmente con asesoramiento profesional, deben quedarse al margen de estos acontecimientos. Parten de unos plazos y objetivos predeterminados y, en función de ellos, han elegido unos productos financieros que se ajustan como un guante. Eso sí, diversificados.

Además, comprenden que las bajadas y las subidas vienen y van, así es desde que existen los mercados regulados, y lejos de amedrentarse con estos vaivenes, los saben utilizar en su favor. Los ahorradores con una estrategia compran porque tienen la certeza de que la renta variable, si se compra en momentos de caída, es el mejor vehículo de inversión con plazos largos. Y saben que el crack del coronavirus tardará más o menos tiempo en recuperarse, pero NO es diferente de los anteriores.