30 de marzo de 2020
30.03.2020
Levante-emv
Al margen

Escribir en tiempos de confinamiento

30.03.2020 | 23:03
Escribir en tiempos de confinamiento

Hay cambios inesperados que nos cogen por sorpresa al producirse de forma tan repentina como imprevista. Un cambio similar al que ahora estamos viviendo y que, de la noche a la mañana, nos ha obligado a reaccionar con la mayor adaptabilidad para ajustarnos a un entorno que tiene los límites y la frontera en la puerta de la propia casa. Se trata de un cambio que hay que afrontar con rutinas sencillas para sortear la ansiedad que provocan las contrariedades diarias. En efecto, restaurar un hábito es un buen consejo y una buena fórmula para estos tiempos de confinamiento. Se puede arreglar cosas de la casa, cuidar las macetas o el jardín, dibujar, leer un libro, hacer ejercicio físico, ver películas, escuchar música y escribir. Todo con tal de no caer en el desánimo para que este encierro, una circunstancia que se presenta como temporalmente pasajera, sea lo más saludable posible. Estas actividades, sumadas día a día con regularidad, nos pueden dar la sensación de control sobre nuestra propia vida y pueden ayudarnos a recuperar la confianza y la esperanza. Después llegará un tiempo en que esto habrá pasado y en el que evocaremos cómo plantamos cara a este desafío, cómo lo superamos y cómo lo vivimos.

Por eso mismo, narrar qué emociones nos asaltan, qué anécdotas nos suceden o cómo dejamos vagar la imaginación ante el infortunio, es algo que resulta útil a nivel psicológico e interesante a nivel sociológico. Relatar y expresar qué pasa o qué nos está pasando durante estos días de crisis del COVID-19, es un estímulo verdaderamente creativo que puede ayudarnos a recomponer la idea de comunidad que tanto necesitamos. De hecho, contar nuestra experiencia durante esta emergencia, puede servir para no perder energía inútilmente y redirigirla hacia un tipo de imaginación social acorde con una vida en común solidaria y sostenible. Es más, el presentimiento de que ya nada será como antes y que algo nuevo y mejor va a surgir de esta situación, tan excepcional como dramática, puede hacernos sentir que no se ha roto la brújula y que no todo está perdido. En esa línea, Clásicas y Modernas, Asociación para la igualdad de género en la cultura, ha puesto en marcha una iniciativa de relatos y microrrelatos en la que se nos anima a dejar por escrito las vivencias por las que estamos pasando. Para ello, bajo el lema «Hasta la corona del virus», ha abierto una ventana en su página web donde, hasta el 15 de mayo, pueden subirse los textos que se escriban.

Se trata de una propuesta literaria que puede hacernos más llevadera la cuarentena. Hay que tener en cuenta que gracias a la palabra ningún ser humano es una isla y que por eso mismo escribir en tiempos de confinamiento nos ayuda a conectar con los demás y quitarle dureza a lo que está ocurriendo. En ese sentido, escribir nos reconcilia con nuestra «humanitas» y con la idea misma de «creación» (poiesis) asociada al lenguaje con el que construimos el universo simbólico de la cultura. Por eso no está de más que retengamos el carácter poiético del lenguaje para comenzar a entendernos de nuevo como comunidad y recuperar la colaboración frente a la competitividad y el egoísmo. En mi opinión, este es un momento idóneo para comprobar si, como dice la filósofa Rosi Braidotti, la humanidad puede haber llegado al umbral de una nueva etapa evolutiva post-humana, en la que las nuevas tecnologías puedan ser o no herramientas potentes con las que corregir las problemáticas que aún no hemos resuelto. Y es también una ocasión para reflexionar sobre cómo la pandemia está afectando tanto a nuestra supervivencia biológica como cultural. Quienes se animen a escribir qué piensan y qué esperan de estos tiempos de coronavirus, pueden enviar un relato o microrrelato a Clásicas y Modernas. Escribir sobre lo que nos está sucediendo es una forma de unirse en estos tiempos de desasosiego. Confiemos y hagamos nuestra la formula clásica Spes ultima dea, la esperanza es lo último que se pierde, porque probablemente ya nada será igual que antes pero no tiene necesariamente que ser peor.

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