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Mala idea no es

Matemáticas. Resolución de problemas. Ficha 5. "Un grupo de 68 niños va a un campamento. Hay 4 cabañas con 8 plazas cada una; y otras 11, con 6 plazas cada una. ¿De cuántas maneras pueden distribuirse? ¿Sobra alguna cabaña?". En la mesa del salón conviven, desde el principio del confinamiento, un aula de quinto de Primaria, una sala de profesores de Secundaria y mi puesto en remoto de la redacción del periódico. En el centro, una taza con toda clase de bolígrafos, lápices y rotuladores; tres gomas melladas por el desigual uso, una regla de 20 centímetros y una cuchara que no sé muy bien qué hace ahí. Una regleta, completada con un ladrón, es el cordón umbilical que nos une al mundo exterior y a la compañía eléctrica, que tiene que estar bailando en una pata sola con el consumo que llevamos a cuestas. Una pizarra tamaño DIN-A3 de rotuladores borrables, muy útil para las explicaciones de emergencia, corona el ecléctico bodegón.

68 niños, 4 cabañas de 8 plazas y 11 cabañas de 6 plazas... Le pregunto a Luis cómo se puede distribuir a los muchachos. No lo tiene muy claro. Él no sabe cómo le entiendo. Cuando era pequeña, mi profesora, Doña Lucrecia, que era muy moderna para la época, se curró una tienda entera, con sus estantes y su caja registradora. Nosotros íbamos a comprar con dinero de pega para aprender a sumar y restar. Cuando me ponía de tendera, siempre devolvía de más. No sólo era -y soy- negada para las matemáticas, tampoco me manejo en el proceloso mundo de la emprendeduría y las pymes. Él mira las cifras y casi escucho lo que piensa: "El orden de las películas de Marvel es Capitán América. El primer vengador, después Iron Man I, después...". No debí contarle que lo mío son las letras, que no sé cómo llegué viva a tercero de BUP, donde cogí Latín y Griego para evitar cualquier contacto con una raíz cuadrada por el resto de mis días. Él usa esta información en mi contra: "Lo heredé de ti...".

68 niños, 4 cabañas de 8 plazas y 11 cabañas de 6 plazas... De repente, se le ilumina el rostro, igual que debió de hacerlo el de Arquímedes de Siracusa al desentrañar su Principio: "¡Que lo echen a suertes, mami!". Mala idea no es.

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