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Los retos de Pedro Sánchez

La construcción del liderazgo en tiempos de crisis sigue siendo uno de los problemas más difíciles de interpretar por los políticos y por sus asesores. Lo cierto es que no hay ninguna fórmula que garantice el éxito y que cada tipo de liderazgo requiere y propone formas alternativas de relación con sus seguidores.

Lo que funciona aquí con un líder, no necesariamente funciona con otro, ni con otros seguidores, ni en otro contexto. Lo curioso es que cuando llegan las crisis todos parecen saber lo que hay que hacer menos a quienes les toca liderarlas; lo sabe la oposición, lo saben los periodistas, lo saben los analistas y cada uno de los ciudadanos que tenemos una solución alternativa a la propuesta por el gobierno. Y ese es nuestro derecho, pero el derecho a discrepar no garantiza el acierto.

Pedro Sánchez había preparado su gobierno para ajustarse a la aritmética parlamentaria, a la negociación que le impusiera los resultados electorales, pero no a una crisis como la que se le ha presentado. En el documento de funcionamiento rubricado entre el PSOE y Unidas Podemos no dice nada sobre qué hacer ante una alerta nacional y como se tiene que establecer la jerarquía en estos casos.

Los retos de Sánchez comenzaron (1) por identificar el momento de comienzo de la crisis, siguieron por (2) plantear una estructura de "gobierno de la crisis" con autoridad y con decisiones acertadas y terminarán (3) con la evaluación de los ciudadanos a la respuesta que está dando nuestro maltrecho estado del bienestar a las exigencias de la crisis.

Con el drama sobre nuestras cabezas es difícil entender que el día 8 estuviéramos todas en la calle, y tampoco parece que algunas extensas sesiones del ejecutivo hayan servido para acentuar la idea del liderazgo de Sánchez en esta crisis. Quizás porque en el decreto de alerta, junto a la asunción de la estrategia en todas las comunidades también debiera de haber incluido Sánchez la asunción de la estrategia en todo su gobierno.

Pues bien, precisamente como la percepción general del acierto en esos dos primeros retos no está yendo de todo bien, a Pedro Sánchez le queda únicamente confiar su futuro a la respuesta que el estado puede dar a la crisis y en parte, a través de ella, reconducir el segundo reto, su autoridad.

La gente se pregunta por qué en Alemania el virus no mata tanto como aquí. La respuesta es sencilla, en Alemania se busca al virus, aquí se le espera. Son dos estrategias diferentes y requieren dos modelos de gestión diferentes. Alemania eligió su estrategia, en nuestro caso, la espera eligió por nosotros.

La lucha contra los efectos del virus tiene ahora dos frentes a nivel de políticas públicas: el sanitario y el económico-laboral. Ningún país estaba preparado para esto, pero los que confiábamos más en nuestros sistemas tendremos que pagar facturas más caras.

¿Cómo distribuimos los recursos sanitarios? y ¿quién paga la factura? Esas son las dos preguntas y de ellas dependerá el futuro de Sánchez. Hacen falta respuestas acertadas, pero además hay que tener el poder suficiente para transmitir a los ciudadanos autoridad en las decisiones.

Algunos miembros del gobierno no se han enterado aún de que estamos en una de las mayores crisis de nuestro tiempo, y que, en las crisis, los líderes mandan o se van. Y si se va el líder se van todos.

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