Las asociaciones de artes escénicas de la Comunidad Valenciana reivindicamos la importancia de la cultura, tanto en este estado de alarma, como de forma permanente.

Ante el último aluvión de críticas del sector de la cultura como reacción de las desafortunadas declaraciones del Ministro Uribes, y atentos a todos los movimientos políticos y económicos que están brotando desde las diferentes administraciones públicas, las asociaciones de profesionales de las artes escénicas seguimos trabajando para que nadie se quede fuera.

En estas últimas semanas nos hemos descubierto intentando mantener el ánimo de amigos y familiares a través de la risa y la imaginación. Posiblemente nunca hemos utilizado la imaginación con tanta urgencia como ahora. Porque lo que está en juego es tanto, que ha sido uno de los primeros mecanismos de defensa puestos en marcha: llamadas telefónicas a los menos fuertes de nuestro entorno se han convertido en auténticas historias transformadas, cómo sacar el lado amable de todo esto, tornar nuestras tragedias cotidianas en motivo de carcajada. Aunque quizá a un nivel muy pequeño, eso, señores y señoras, también es cultura.

Hasta que las administraciones no entiendan que la vida y la cultura son inseparables, ahí estaremos los titiriteros para recordarlo. Si son capaces de hablar de democracia y si dejan que se les llene la boca mencionando la libertad, señores y señoras, están ustedes hablando de cultura.

Por eso hacemos comunicados, apagones culturales, notas de prensa, reuniones infinitas e incluso tweets subidos de tono. Porque, más allá de la aparente queja de un sector, estamos intentando no dejar a nadie en el camino. Y la tradición política de este país nos recuerda que, para que escuchen una sola de nuestras peticiones, debemos hacer millones de acciones. Para que sólo una de nuestras palabras llegue a oídos de las administraciones, tenemos que hacer mucho ruido. Once asociaciones de las artes escénicas se han unido desde el primer día del estado de alarma, para poder defender la cultura más allá de intereses propios y tenemos pruebas fehacientes de que ninguna de nosotras ha tenido siquiera un minuto libre ni para consumir esa cultura que intentamos proteger. Sabemos que, de todos esos documentos generados, seguramente apenas un pequeño porcentaje de palabras será hecho realidad, así que si hacemos tanto ruido es porque el silencio ha sido la tónica general durante mucho tiempo.

Como para muchos otros ciudadanos, la pandemia del COVID-19 ha sido la gota que ha colmado el vaso de la inestabilidad y nos está abocando a la caída en picado. Esta crisis ha demostrado la situación de enorme precariedad a la que se enfrentan las creadoras y creadores de artes escénicas y de todo el sector cultural. Y hasta que las administraciones de este país no entiendan que nuestra situación laboral tiene un carácter de intermitencia permanente, no podremos disfrutar de una cultura libre, autónoma e independiente. Las artes escénicas necesitan medidas específicas, no sólo para esta situación de alarma, sino de forma permanente.

Podríamos aquí agradecer las medidas que desde las diferentes administraciones públicas se vienen tomando en las últimas semanas y que parecen aliviar momentáneamente nuestros ánimos, pero consideramos que es esa la tarea que les fue encomendada por el pueblo a través de las urnas. Gracias por hacer vuestro trabajo, pero las artes escénicas en particular y la cultura en general, no podemos nunca bajar la guardia en este país. El tiempo y las distintas medidas políticas, económicas y sociales que los diferentes gobiernos han ido aplicando (o silenciando) desde el inicio de la democracia, nos demuestran que los trabajadores culturales, la mayoría de las veces, ni siquiera somos considerados trabajadores. Por eso seguimos haciendo ruido. Es tan fácil acabar con los derechos sociales que nuestras abuelas y tatarabuelas consiguieron que no podemos permitirnos bajar la guardia.

Ahora, desde la unión de once asociaciones de artes escénicas de la Comunidad Valenciana, representando al sector prácticamente en su totalidad, hemos aunado esfuerzos con el objetivo principal de dar a conocer las particularidades de las creadoras y creadores de artes escénicas, y hacerlas llegar a todas las administraciones públicas, a nivel estatal, autonómico y local.

En esta situación de alarma, las medidas laborales y fiscales adoptadas por las diferentes administraciones públicas no se ajustan a la intermitencia de los trabajadores de la cultura. En la mayoría de los casos no podemos acceder a las ayudas para trabajadores autónomos o a las prestaciones por desempleo porque nuestra situación laboral se basa en contratos temporales y situaciones intermitentes de trabajo. Una gran mayoría de artistas no podemos tampoco acceder a la prestación por desempleo, porque nuestros contratos (de dos meses de duración, en los casos más afortunados) han sido anulados directamente, en lugar de aplicar los expedientes de regulación temporal de empleo, como se ha hecho en otros sectores. En general, España no dispone de un régimen laboral adecuado a las características intermitentes de nuestro sector. Al igual que muchos otros colectivos sociales, el sector cultural se queda fuera de las medidas de urgencia declaradas.

Somos un país supuestamente democrático, con un Estado del Bienestar supuestamente desarrollado y, sin embargo, no todos somos iguales en esta situación. Sólo hay que ver quiénes son las personas que están saliendo a la calle y poniendo sus vidas en peligro cada día: los trabajadores. Sólo hay que ver a todas las personas que se están quedando atrás.

Si esta es una situación de emergencia, exigimos que haya medidas de emergencia para todos, atendiendo a las características de cada colectivo. Los teatros y salas culturales fueron los primeros en cerrar y cancelar funciones y actividades; y probablemente, serán también los últimos en abrir y volver a esa nueva normalidad.

Los creadores y creadoras de artes escénicas, empáticos por naturaleza con todo ser humano, no estamos pidiendo con estas medidas un trato preferente, sino un trato equitativo. Defender la cultura es defender a todos y cada uno de los seres humanos. La cultura no puede estar regulada por el mercado. En sólo dos meses, la dejadez política puede acabar con toda la cultura de un país, y con esa posible cultura que habría de nacer en un futuro inmediato. Dejar fuera la cultura es dejar fuera a esa supuesta civilización que nos caracteriza, a la capacidad de reflexión, a la imaginación de otros mundos posibles, a la comprensión y empatía de los seres humanos, a la capacidad transformadora de la ficción.

La cuestión es que los creadores y creadoras hemos demostrado una capacidad de resistencia descomunal. Este virus no acabará con nosotros, y ese es el problema: somos demasiado fuertes. Si somos capaces de salir adelante incluso de las situaciones más desesperadas, ¿para qué van a ayudarnos? Nos gustaría que no fuera así, pero esta parece ser la tónica general de los gobernantes con respecto a la cultura. Esta reflexión provocará movimiento en uno u otro sentido, como artistas y como ciudadanos (si es que existe distinción entre una y otra). Toda esta rabia surgida durante estos días sólo es la guinda del pastel de la indignación que venimos acumulando gobierno tras gobierno, recorte tras recorte, silencio tras silencio. Si pudiéramos, los actores y actrices, bailarines y bailarinas, productores, gestores, iluminadores, técnicos, administrativos, escenógrafos, figurinistas, vestuaristas, maquilladores y caracterizadores, y quién sabe si también espectadores, habríamos salido a manifestarnos a defender a Orson Welles; pero como no podemos, estamos a la expectativa de cuál será la próxima cita que utilicen nuestros representantes políticos. Confiamos en que después de todo el trabajo que las administraciones están realizando, de todos los documentos y reuniones, no nos vuelvan a dejar caer con comparecencias vacías. Sería una paradoja tener que salir a la calle en estos días.

Ya hemos dicho que los trabajadores de la cultura somos demasiado fuertes, así que, ¿quién sabe? Incluso hasta podríamos guardarnos la rabia para utilizarla en el momento más adecuado y de la forma más eficiente. Si cae la cultura, volveremos a las cavernas.