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Jorge Dezcallar

Club de avestruces

La Rochefoucauld dice que "tres clases hay de ignorancia:

no saber lo que debiera saberse; saber mal lo que se

sabe; y saber lo que no se debiera saber". De todo hay y

por eso el politólogo brasileño Oliver Steunkel ha acuñado

el concepto de "Alianza de Avestruces" para designar a

los políticos que no quieren aceptar la realidad de un virus

mortífero cuyos estragos se resisten a ver. E incluye como

miembros al presidente brasileño Jair Bolsonaro; al

nicaragüense Daniel Ortega, que considera el virus como

una amenaza "importada" mientras su esposa organiza

procesiones para combatirlo "con la Fé"; al bielorruso

Aleksander Lukashenko, "el último dictador de Europa",

que cree que vivimos "una psicosis" colectiva y que ha

jugado un partido de hockey en un recinto abarrotado,

porque él no cree en la "distancia social" y los

espectadores no se lo pueden permitir porque tienen

necesidad de ser vistos aplaudiendo las jugadas del líder;

al presidente de Turkmenistán, cuyo nombre debe

desanimar a los virus más agresivos porque escribirlo

correctamente me ha costado varios intentos: Gurbanguly

Berdymukhammedov, que ha dado orden de arrestar a los

que hablan en público de la pandemia, mientras mantiene

la celebración de multitudinarios festejos como el Día del

Caballo.

Pero no están solos. Hay muchos más y por eso me he

permitido inspirarme en la idea de Steunkel añadiendo de

mi cosecha a otros porque, como dice el refrán, no hay

peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el

que no quiere oír, y así acabamos rodeados de ciegos y

de sordos y hacemos reyes a los tuertos. Aunque por

fortuna también quedan algunos cuerdos. Yo los

clasificar ía en las categor ías siguientes: Los

Negacionistas, los Inconscientes, los Impotentes, los

Transparentes, los Tontos/Fanáticos y por fin los

Sensatos. Me explico.

El Club de los Negacionistas Conversos tiene como

miembros a aquellos que siguiendo a santo Tomás tardan

en ver la realidad aunque la tengan delante de sus

narices, como hacen los que rechazan el Cambio

Climático. Me refiero a Boris Johnson, Xi Jinping o Donald

Trump. El primero sólo cambió de opinión tras tres días en

la UCI de dónde para fortuna suya logró salir tan

despeinado como había entrado. Xi no quiso aceptar que

tenía un problema porque "el Partido" nunca se equivoca

y, en consecuencia, no quiso enterarse él ni quiso que nos

enteráramos nosotros de la que se había armado en

Wuhan. Y cuando dio la voz de alarma ya era tarde y

estábamos todos infectados. Donald Trump primero negó

la pandemia, luego le quitó importancia y ahora, cuando

en su país aún no se ha alcanzado el pico de contagios,

polemiza con los expertos lanzando ideas peregrinas y

aplaude a los que se manifiestan contra el confinamiento

y quieren regresar a la vida normal. Sin duda también

ignora que lo peor de la Gripe Española de 1918 no fue la

primera oleada sino la segunda.

En el Club de los Inconscientes está el mexicano Andrés

López-Obrador que se deja filmar en un restaurante

animando a sus conciudadanos a salir de copas en las

actuales circunstancias. También incluyo a los de la

Alianza de Avestruces de Steunkel, comenzando por

Bolsonaro que aplaude a los que se manifiestan en contra

del confinamiento, pasando por alto que muchos son

extremistas que piden un golpe de Estado militar en el

país del que es presidente. Si pidiera ser admitido en el

Club de los Tontos no creo que tuviera problemas.

En el amplio Club de los Impotentes están los que

carecen de medios para adoptar medidas eficaces contra

la pandemia aunque quisieran. Nicolás Maduro, en

Venezuela, no puede meter a la gente en casa porque ya

se están muriendo de hambre fuera de ella, o Narendra

Modi, en la India, donde muchos ni siquiera tienen casa.

¿Cómo se impone allí la "distancia social"? Y tantos

líderes africanos que no pueden impedir que la gente

salga de casa porque temen más al hambre que a la

pandemia y si no salen no comen. ¿Cómo exigir que se

laven las manos los que carecen de agua? Gentes que

tampoco tienen respiradores, mascarillas o tests porque

Europa y Estados Unidos pagan más y se quedan con

todas las existencias que hay en el mercado.

Luego está el Club de los Trasparentes como Putin, que

siendo un macho alfa se pone curiosamente de perfil y

delega la gestión de la pandemia en los gobernadores

federales, quizás con la secreta esperanza de que sean

ellos los que "se quemen".

El Club de los Tontos/Fanáticos tiene muchos miembros,

empezando por esa catalana que dice que en una

Cataluña independiente habría menos muertos, o el

islamista iraquí que afirma que el virus "se ceba en los

infieles" y no ataca a los buenos musulmanes. La

inteligencia les persigue sin éxito porque ellos son más

rápidos. Y como son tontos ni siquiera saben que lo son.

Finalmente está el Club de los Sensatos, los que piensan

que más vale prevenir que curar, que tratan al virus con

respeto y caminan a su lado pues cada día se aprende

algo que el anterior se ignoraba, y como consecuencia lo

acaban gestionando con menores pérdidas de vidas

humanas. Los políticos sensatos son más numerosos de

lo que parece, porque los que llaman la atención son los

otros, y no son de una sola raza o continente pues están

en sitios tan diversos como Portugal, Finlandia, Nueva

Zelanda, Noruega o Taiwan. Dan envidia.

Como son perspicaces, habrán observado que no hablo

de España. Esa tarea se la dejo a ustedes.

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