28 de abril de 2020
28.04.2020
Levante-emv

El regreso a la humildad de lo básico

28.04.2020 | 22:42
El regreso a la humildad de lo básico

Hasta 2008, la economía internacional y española ascendían como una flecha. La euforia cundía, las excentricidades en el consumo de bienes de lujo superaban cualquier límite a la obscenidad, los dioses del universo financiero e inmobiliario se alzaban como tótems del recién estrenado y eufórico siglo XXI. Vino a continuación el estallido de las burbujas, el desempleo masivo, la exacerbación de las desigualdades, los tiempos de los comedores sociales atestados. Avanzaba la reducción del gasto social en sanidad, educación y servicios sociales porque el diablo a combatir no era la nueva pobreza, sino los niveles de deuda y déficit.

Pasaron los años. Se inició una lenta recuperación. Al calor del nuevo clima, avanzó el relato de la fascinación tecnológica. El control de las enfermedades más crueles, la longevidad y hasta el cambio climático parecían objetivos susceptibles de control si se intensificaba el ritmo del cambio tecnológico. Frente a los temores surgidos de la crisis de 2008, se elevaba un nuevo tótem de optimismo que, aun basado en presunciones sin medición de efectos ni fecha de comprobación, anunciaba nuevos paraísos. Un nuevo doblegamiento de los límites y barreras de la naturaleza.

La actual pandemia nos ha devuelto a la realidad, obligándonos a una profunda cura de humildad. En apenas 12 años hemos experimentado la violencia de dos desplomes de magnitud histórica. Nuestra desnudez y fragilidad ha quedado al descubierto. No hemos sido capaces de preverlos, cuando se supone que existe una sofisticada red de sabios observadores dotados de los más avanzados medios. Se olvidó advertirnos que, como seres humanos, también los sabios rehúsan los peores escenarios y establecen su zona de confort en los de impacto medio o bajo. Hemos detectado que se improvisaban planes de respuesta para dotarse de lo más elemental, cuando las pandemias forman parte de las contingencias contempladas por las estrategias estatales e internacionales sobre riesgos globales.

Hemos comprobado que la sociedad de la comunicación orientada hacia el espectáculo había dejado en un segundo o tercer plano lo valioso e importante porque la previsión resulta aburrida. No genera impacto mediático anticipar, disponer y gestionar reservas de bienes esenciales. Tampoco ir más allá de los distribuidores habituales y monitorizar su capacidad de respuesta. No, pensar y trabajar sobre algo que puede suceder pero que, en el fondo, se desea que no ocurra nunca, no tiene sex-appeal.

Tampoco levanta destellos en las pantallas la concreción de protocolos de respuesta que permitan identificar y reorganizar con rapidez los medios sanitarios humanos y materiales, prever las redes de información necesarias, aplicar un modelo común de estadísticas, emplear la red logística prediseñada y adoptar un estándar de comunicación social conciso, claro y profesional. Organizarse con antelación no enciende luces rutilantes, salvo cuando el riesgo deviene real y reiterado; pero eso sólo lo perciben con seriedad los responsables de los montes y los municipios con memoria de inundaciones.

En este nuevo tiempo necesitamos regresar a la recuperación de lo básico. A reconocer que, aunque podamos domar a parte de la naturaleza, seguimos formando parte de ésta. Que somos frágiles y estamos sujetos al ataque de los más modestos fragmentos de vida, pero que contamos con la gran ventaja de disponer de memoria e inteligencia y de poder multiplicarlas interactuando con los demás. Trabajando en la previsión cooperativa de los nuevos riesgos. Concediendo mayor importancia a la organización de las relaciones institucionales. Colaborando en un mayor despliegue de la ciencia propia e internacional que se ancle en lo amenazante para proporcionar seguridades en lugar de prometer asombrosos pero hipotéticos artificios de difusa concreción. Cubriendo las grandes lagunas de información aún existentes que nos impiden avistar y calibrar las amenazas de nuestro tiempo.

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