06 de mayo de 2020
06.05.2020
Levante-emv

Carta de un maestro que no renuncia a sus alumnos

07.05.2020 | 01:14
Carta de un maestro que no renuncia a sus alumnos

La crisis sanitaria del COVID-19 también deja víctimas emocionales como los profes y sus alumnos. Soy maestro desde hace 21 años y nunca he acabado un curso escolar sin poder despedirme de mis alumnos con un abrazo, mirándoles a los ojos y diciéndoles lo grandes y maravillosos que son, todos y cada uno en sus singularidades. Señores que deciden sobre la educación, me parece que los niños de más de 6 años cuyos padres trabajan también tienen el mismo derecho a ir a clase que aquellos que pertenecen a la etapa 0-6 años, ¿o esperan que esas familias los dejen con los abuelos?.

También sabrán ustedes que en clase son menos de 50 personas (límite que han establecido para espacios cerrados) y como ya sabrán los colegios podemos establecer turnos de patios y buscar alternativas para evitar contagios. No me preocupa dar clase con mascarillas, hacer un lavado de manos en cada cambio de clase (eso ya se hacía en febrero como precaución) y no me preocupa que incluso los horarios de clases se vean modificados para que se haga de forma escalonada. Estoy dispuesto a todo menos a ver las terrazas abiertas para tomar un picoteo (también necesario) y las escuelas vacías con los alumnos cuidados por sus abuelos, o peor aún, a cargo de un hermano mayor (que sin los 18 sigue siendo menor de edad) asumiendo una responsabilidad que no le corresponde. ¿Aún no se han dado cuenta que la educación de las personas también afecta a la economía?

Ustedes, que deciden sobre las fases a seguir, los pasos a dar, y la sensatez, ya han demostrado que saben rectificar de los errores, y han dado marcha atrás al ver necesidades que antes pasaron desapercibidas. Tranquilos, si rectifican nuevamente para que los docentes que enseñamos de corazón, los que vemos necesario mirar a nuestro alumnado a los ojos, físicamente, y decirles "me siento orgulloso de ti" podamos hacerlo como corresponde les estaré enormemente agradecido, y quien sabe, igual hasta algunos nos podamos llegar a sentir orgullosos de esas personas que saben rectificar ante la incongruencia.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook