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El informe oficial enviado por el Gobierno español a Bruselas cifra en un 10,34% del PIB el déficit que el Estado tendrá que soportar a causa de la pandemia del Covid-19. Eso quiere decir que, según los analistas, se deberá conseguir un ajuste de cerca de 80.000 millones de euros para dejar las cosas como estaban antes de que el virus nos paralizase.

Está por ver cómo se va a llevar a cabo semejante ajuste porque no solo el Gobierno no da ni la menor pista concreta sino que los globos sonda que lanza van en sentido contrario: que se subirá el sueldo a los funcionarios, que se actualizarán las pensiones y que se pondrá en marcha el llamado ingreso mínimo vital. Dicho de otro modo, a los 80.000 millones de euros se sumarán los gastos que generen tales promesas, si es que se cumplen.

¿Y de dónde saldrán los fondos que hacen falta? La magnitud de la deuda es de semejante calibre que se habla ya de un rescate por parte de la Unión Europea, ese rescate que, contra todo pronóstico, logró evitar Mariano Rajoy durante la crisis económica anterior. Amargo trago para un Gobierno que no se caracteriza ni por su cohesión interna ni por su fuerza parlamentaria. Si tenemos que pasar por el trance del rescate nos llegarán, como sucedió en Grecia y Portugal, los hombres de negro para imponer unos recortes drásticos. Muy difícil van a tener el Partido Socialista y no digamos ya Unidas Podemos cumplir, pues, lo que aparecía en sus programas electorales pero como, a estas alturas, estamos más que acostumbrados a que sea así -ninguno de los gobiernos anteriores desde que Zapatero fue presidente lo han hecho-, poco habrá de extrañarnos. El verdadero problema es el de la pregunta que abre este párrafo. Un rescate no va a ser a fondo perdido; Alemania y los Países Bajos lo han dejado claro. Así que, ¿de dónde saldrán los fondos necesarios para pagarlo?

Solo existen dos vías para ajustar la economía maltrecha: reducir los gastos o aumentar los ingresos, aunque también cabe hacer las dos cosas. Reducir gastos supone eliminar ayudas sociales porque está claro que la vía mejor para ahorrar, que se termine de una vez por todas el gasto absurdo de la multiplicación de las administraciones que hacen lo mismo o, mejor dicho, que no hacen nada, es como luchar contra los molinos de viento convertidos en gigantes. Así que nos amenaza la necesidad de que el Estado aumente sus ingresos de la única forma posible: con un incremento brutal de impuestos. Y por mucha palabrería de adorno que generen los ministros, todas las subidas de impuestos que se realizan -salvo la del IVA- castigan solo a las clases medias. Así que la verdadera pregunta es si habrá suficiente clase media en España para pagar semejante ajuste. No es difícil entender que, si la hay, será a costa de terminar con ella y empobrecerla ya de una forma definitiva.

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