Se cumple la celebración del Día de Europa, 9 de mayo en medio de unas condiciones poco propicias para conmemoraciones. La pandemia sanitaria pone en cuestión la fortaleza de una Unión Europea que, nacida tras una conflagración mundial, con escenario principal en suelo europeo, y con fundamento inicial en temas económicos, Carbón y Acero, no ha resuelto, desde 1950, Declaración Schumann, los condicionantes sociales que sus fundadores quisieron superar.

En los años transcurridos desde entonces, aquellas Comunidades Europeas han pasado desde los 6 países iniciales, firmantes del Tratado de Roma, en 1957, Alemania, Bélgica, Francia, Holanda, Italia y Luxemburgo, hasta los 27 actuales, tras la salida del Reino Unido, el 31 de enero de este mismo año -veremos en junio próximo si con acuerdo o sin él- que había entrado en el 73, junto a Irlanda y Dinamarca; Grecia que entró en el 81; España y Portugal, en el 86; Austria, Finlandia y Suecia, en el 95; la gran ampliación de diez países en el año 2004, con República Checa, Chipre, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta y Polonia; Bulgaria y Rumanía en 2007; y, finalmente, Croacia en 2013, quedando pendiente la adhesión de Turquía, que, inicialmente prevista, acabó en desistimiento.

Con la incorporación de países de culturas, población, extensión y situación geográfica tan diversa, era previsible que las iniciales instituciones comunitarias previstas para el poder ejecutivo, legislativo y judicial, en Bruselas, Estrasburgo y Luxemburgo, respectivamente, y la propia concepción de dónde residía el poder de la Unión Europea fueran puestas en cuestión.

Así, en 2004, todos los representantes de los Estados miembros de la Unión Europea junto a los candidatos a formar parte de la misma, ya 28 en total en aquellos momentos -aun cuando el lugar previsto para Turquía acabara siendo ocupado por Croacia-, aprobaron también en Roma un Tratado para una Constitución, que debía sustituir a los anteriores Tratados fundacionales, y que suponía la puesta al día de la idea de Europa que tuvieron los fundadores.

La Constitución ponía en cuestión la soberanía de los Estados cuando ésta no residiera en la legitimidad de los ciudadanos. Sometido el Tratado para la Constitución a la aprobación de los ciudadanos de los Estados, España sería la primera en aprobarlo, por referéndum, pero otros países, entre ellos, dos de los fundadores, Francia y Holanda, no lo hicieron y desde entonces falta un cuerpo jurídico actualizado que dé fundamento a la Unión Europea, con un mayor nivel de integración social. Ello hace cuestionar a José Luis Villacañas, en estas mismas páginas de Levante-EMV: «si no somos un pueblo, ¿qué somos los europeos?»

Con anterioridad al sometimiento a la aprobación por los diferentes Estados del texto del Tratado para la Constitución, fueron suprimidas, en su Introducción, unas palabras de Tucídides que decían así: «Nuestra Constitución (...) se llama democracia porque el poder no está en manos de unos pocos sino de la mayoría». Esta supresión, aun cuando el Tratado no acabara siendo aprobado, revelaba por sí sola la desconfianza con la que el texto era recibido.

La idea de mayor democracia que incorporaba la citada Introducción implicaba una apuesta decidida por la Europa de los ciudadanos y, con ello, de una mayor justicia social entre los países de la propia Unión Europea, y de quienes tuvieran relación con ellos.

En esta línea cabe interpretar el escrito remitido, este mismo año, por el presidente de Fundación por la Justicia, José María Tomás y Tío, y otros juristas de reconocido prestigio, cuestionando los fundamentos de la sentencia de la Gran Sala del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, que este reciente mes de febrero cambiaba de criterio avalando las devoluciones 'en caliente' de quienes habían saltado la valla de Melilla, en 2014, para entrar en la Unión Europea por España.

Y esta es la forma de entender, desde Fundación por la Justicia, la idea de Europa, que ampara los derechos de los ciudadanos que forman parte de la Unión, pero también que quieren acceder a ella, aun sin conseguirlo.