Esta es una pandemia sanitaria, la del covid-19; pero también es una pandemia social ya que esta crisis sanitaria no es solo una crisis de salud, sino una crisis económica y social, y que ya podríamos definir como una crisis de vulnerabilidad. Y es que, esta pandemia ha generado una crisis sanitaria con consecuencias sociales de gran impacto, especialmente para la población que antes de la crisis del coronavirus ya se encontraba en situación de más vulnerabilidad y riesgo de pobreza y/o exclusión social. Por eso, si algo está haciendo esta crisis sociosanitaria, es igualarnos a todos. Porque, al fin y al cabo, todos estamos en la misma situación, encerrados en casa, obligados por el escenario actual; y tal vez eso haga a toda la ciudadanía de esta sociedad ser más empáticos y ponernos en la piel de todas aquellas personas que sufren una situación como ésta de manera habitual, ya sean enfermos, personas sin hogar, con movilidad reducida que por la falta de accesibilidad no pueden salir de sus domicilios, o privadas de libertad o ancianos que viven en soledad.

Una de las cuestiones que esta pandemia sociosanitaria del coronavirus nos deja claramente es la importancia que el Tercer Sector de Acción Social tiene, ya que provee de servicios indispensables y protege a las personas en situación de mayor vulnerabilidad. En todas las crisis, y también en ésta, la labor de las entidades sociales es enorme y fundamental para la continuidad y el bienestar de la sociedad. Además, su trabajo «a pie de calle» les permite un conocimiento profundo del alcance real de los problemas generados por la pandemia. Por todo ello, es indispensable el diálogo entre autoridades, Tercer Sector de Acción Social y resto de agentes sociales, especialmente en lo que se refiere al diseño y aplicación de las medidas de contingencia necesarias.

Por otra parte, el Tercer Sector se demuestra que juega un rol importante e insustituible como asistente de los poderes públicos para la disminución de los efectos negativos de la pandemia y la pronta recuperación de las personas afectadas. La participación del tercer sector en los planes de recuperación que se vayan a planificar y ejecutar ha de ser preferente y con un reconocimiento de agente social pleno.

Además, esta crisis sociosanitaria que estamos padeciendo como consecuencia de la pandemia Covid-19 evidencia con crudeza los asuntos relacionados con la consideración y atención a las personas en situación de fragilidad, discapacidad y/o dependencia, muchas de ellas personas de edad avanzada y otras más jóvenes con grandes necesidades de apoyo.

En este momento hay que arrimar el hombro, moderar nuestra tormenta de emociones, postergar críticas catastrofistas o interesadas para así contribuir, todos juntos, a salvar vidas y a minimizar los impactos negativos de todo esto.

Sin embargo, debemos tener muy en cuenta que esta crisis está contribuyendo a que afloren carencias importantes en nuestro actual sistema de cuidados, por ejemplo; y además también se están evidenciando riesgos futuros en torno a cómo conjugar valores que deben estar equilibrados tanto en el cuidado, como en la salud y la libertad de las personas. Como, por ejemplo, la garantía en la continuidad de los cuidados, la coordinación entre sistemas y servicios, y las dificultades que la actual estructura competencial conlleva a la hora de afrontar un modelo integrado de servicios e intervenciones profesionales, que deberán ser objeto de análisis en pos de la coherencia, la eficacia y la eficiencia que necesitamos.

Sabemos que la gran mayoría de las personas mayores en situación de fragilidad o dependencia, así como las personas con menor edad que tienen discapacidad, viven en su casa y han expresado con contundencia y de forma repetida su deseo de continuar viviendo en ella y de seguir participando en su comunidad. Es urgente e imprescindible avanzar en el diseño de una propuesta de atención integral en el domicilio que sea capaz de incorporar y coordinar los distintos papeles que cumplen los agentes implicados en esta atención: familias, entidades sociales, servicios sociales en general y Servicios de Ayuda a Domicilio en particular, Atención Primaria y especializada de salud, sector de empleo de hogar y cuidados, asistentes personales, voluntariado, servicios de proximidad e iniciativas de participación comunitaria. Desde la necesaria sostenibilidad económica que, sin embargo, va a exigir un mayor aumento presupuestario en este sector.

Además, la pandemia del coronavirus está destapando la pobreza más invisible, ya que están emergiendo nuevos perfiles de personas que vivían de la economía sumergida y que ahora se han quedado sin dinero.

El coronavirus está demostrando ser un hecho social total, tal como dice la teoría del actor-red, que considera a los actuantes no-humanos como el COVID-19, agentes de pleno derecho en el cambio social y que produce fenómenos que ponen en juego la totalidad de las dimensiones de la sociedad.