13 de mayo de 2020
13.05.2020
Levante-emv

Mundus

14.05.2020 | 00:42
Mundus

Higinio Marín, colaborador habitual de Levante-EMV, acaba de publicar la que, por ahora, es su obra magna: MUNDUS. Un estudio antropológico cabal. Una profundización erudita y actualizada, adensada, que da claves interpretativas de quiénes somos y qué hacemos en este universo que, desde que el ser humano lo habita y contempla, es mundo.

Siguiendo el método fenomenológico -lo que aparece- nos introduce en una visión actual -y clásica, recuperando, por ejemplo, a pensadores como Giambattista Vico- que debemos recobrar en este momento crucial, después del agotamiento de la postmodernidad, si no queremos naufragar. Dice mucho; y, en mi opinión, deja más en el tintero de la reflexión y una ulterior completación. Es ciertamente un tema inagotable: el misterio que se cierne sobre el ser humano, ése que somos cada uno y que sin embargo nos resulta extraño por ignorado. Higinio Marín va y viene, ata cabos, se apoya en la filología, regresa una y otra vez a los mismos conceptos para apoyar sus propuestas. Es una guía para nuestros coetáneos, mal acostumbrados como estamos a navegar en aguas tranquilas y superficiales de una existencia sin pena ni gloria, como si la vida fuera un estanque artificial. Y no, la vida es salir afuera, al océano tumultuoso de la existencia, con todos los vaivenes y embates que nos afligen, para afrontarlos ladeando sin dejarnos llevar por la vaciedad de una existencia nihilista. En definitiva, una sólida armadura para alegrarse (in-gioia) y enjoyarse.

Su lectura me ha recordado a contraluz al Heidegger de Ser y Tiempo. Éste parte del hombre como adulto arrojado a la intemperie de un mundo hostil en el que ha de apañárselas como buenamente pueda, y que finaliza en la muerte como fin y final. Curiosamente, Higinio Marín comienza precisamente por esta última fase: la sepultura como presencia de una ausencia; para continuar hablándonos de la vida como un adentro, una interioridad –un cabe, señala el autor- por el que se constituye en hogar, habitación, habitante, del que se sale (y al que se regresa) a la exterioridad del mundo como a su través, primero en la ciudad (polis) como ciudadano; y luego afuera, como aventura por la amistad. Un mundo que es exterior, pero también un adentro. Es el grandioso escenario de la existencia. A partir de estas nociones, y recorriendo el pensamiento desde los clásicos a los actuales, y siguiendo estelas de los grandes pensadores, nos va describiendo el mundo como un adentro: ya no somos náufragos sino que podemos ser héroes (o santos). Es una restauración de lo humano. Es, en frase del autor, una arqueología de la existencia, una maestría del origen (arjé) de la vida humana. Por esas abigarradas páginas, como un través, atraviesan los grandes dilemas que nos hacen grandes o minúsculos. Por su pluma discurre, por orden de aparición, lo originario que es lo principiar, lo que nos hace humanos: el hogar, la ciudadanía, la amistad, la globalización, la presencia como libertad, la sexualidad como donación y generación, la riqueza de tenerse a sí mismo, el trabajo como culminación de un exceso de ser, y el cuidado del mundo que está en nuestras manos. Su magisterio es vasto y su recorrido fecundo. En suma, como dice el autor, lo que al universo le pasa por estar presente el hombre es una visión optimista del mundo susceptible de una perfección originada en la libertad que tiene la intrínseca dinámica del ofrecimiento, de la gratuidad del exceso como presencia y presente que se ofrece en ofrenda en una finalidad que da finalización a su final.

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