Esta crisis sanitaria ha llegado para revolucionar nuestro estilo de vida y nuestra forma de trabajar. Y es que como farmacéuticos hemos aprendido que para la Administración valenciana seguimos siendo profesionales de segunda, ya que en ningún momento de esta crisis se nos ha considerado como personal sanitario ni se ha aprovechado todo el potencial que puede aportar la farmacia comunitaria al sistema de salud.

Mientras que en otras comunidades autónomas se ha trabajado de forma conjunta con la red de oficinas de farmacia, en la Comunidad Valenciana hemos ido a rebufo, poniendo parches conforme iban surgiendo los problemas y sin unas directrices claras por parte de la Administración.

De hecho, hace dos meses nos ofrecimos a trabajar coordinados con la Administración y sus estructuras y a día de hoy seguimos en la misma situación o peor, ya que hemos tenido que adaptarnos con prisas y de forma provisional a situaciones que, de estar previstas, podrían haber evitado muchos contagios.

Estamos pidiendo que se nos permita realizar atención farmacéutica domiciliaria, en coordinación con el resto de los profesionales sanitarios (médicos, enfermeros, etc.) y se ha tenido que implantar un sistema de forma precipitada, sin una coordinación real, en el que la farmacia comunitaria ha dado respuesta con solvencia a más de 2.000 pacientes en la provincia de Valencia.

Asimismo, en reiteradas ocasiones hemos ofrecido a la Conselleria un programa de asistencia en síntomas menores (INDICA+PRO), consensuado con sociedades Farmacéuticas y Médicas, que en este contexto podría haberse puesto en marcha y preservar la asistencia en los centros de salud y urgencias y descongestionar el sistema nacional de salud.

Por otro lado, el Dr. Simón manifestaba públicamente que la Comunidad Valenciana tiene uno de los mejores sistemas de información de toda España. Y aunque tenemos un fabuloso sistema informático y de comunicación entre las farmacias y la administración sanitaria no se nos permite utilizarlo entre profesionales sanitarios, evitando así solucionar muchos problemas de salud a los ciudadanos por falta de comunicación entre profesionales. Esperamos que, por fin, tras esta crisis recapaciten, y faciliten que Farmacia Comunitaria, de Atención Primaria y Hospitalaria, trabajen juntos dando una continuidad asistencial que tienda a la excelencia.

Durante esta pandemia, también han sido olvidados los farmacéuticos de salud pública, análisis clínicos y otros muchos que podrían haber solucionado problemas importantes de forma coordinada. Espero que salgamos de esta situación volviendo a la normalidad, pero corrigiendo errores que nos hagan mejorar.

Otra prueba más de la falta de sensibilidad de la Administración es que, tras pedir de forma reiterada que se nos incluya a farmacéuticos y técnicos en farmacia dentro del «Informe sobre la situación de COVID-19 en personal sanitario en España» porque somos profesionales sanitarios, aún no se nos ha tenido en cuenta. Y a fecha de hoy son ya 18 los profesionales que, lamentablemente, han perdido la vida en las farmacias comunitarias en toda España.

Aunque todos tenemos que aprender de estas crisis, empezando por nosotros, la mejor lección que podemos llevarnos es que tenemos que trabajar de forma conjunta en beneficio del ciudadano y para ello hay que utilizar todos los recursos sanitarios disponibles.

La Administración debe tomar nota de lo que puede aportar la Farmacia Comunitaria porque, aunque somos un establecimiento sanitario privado, ofrecemos un servicio público. La única diferencia es nuestra retribución, que ha de ser también un tema de debate futuro, ya que no nos llega mediante una nómina sino mediante un porcentaje regulado por el estado sobre los medicamentos y productos sanitarios. Porcentaje que la administración modifica cuando le interesa recolectar euros; porcentaje sobre un PVP, que los profesionales no deciden. Pero la verdad es que nuestros ingresos vienen del dinero público con un sistema reglado, muy regulado, y por tanto también somos parte del sistema público.

La gran cartera de servicios profesionales farmacéuticos de seguimiento de tratamientos, cribaje de enfermedades, etc. puede servir al sistema público para adaptarse al futuro y hacerlo más sostenible.

En este sentido, en 2016 realizamos un estudio para demostrar que desde la farmacia comunitaria se podría llevar a cabo un servicio de vacunación antigripal, de forma coordinada y protocolizada, y aumentar así la tasa de vacunación tal como lo han hecho otros países como Francia. Dentro de nada, comenzaremos con otra campaña de la gripe. Y si la Administración pretende vacunar al 100% de la población de riesgo el próximo año, tras esta pandemia se sumarán muchos ciudadanos que temen el contagio, tal y como pasó con la gripe A. En definitivita, o la Administración cuenta con nosotros o no habrá un plan creíble para llegar a la tasa mínima de vacunación recomendada por la OMS.

Tenemos un fabuloso sistema sanitario, pero todos sabemos que la sostenibilidad amenaza su continuidad, por lo que no contar con la farmacia comunitaria es un gran error que puede repercutir en la salud de nuestros conciudadanos. Es el momento de que la Conselleria de Sanidad cuente con la farmacia. Estamos seguros de que la sociedad saldrá sanitariamente reforzada si se cuenta con la integración de los farmacéuticos comunitarios.