Carl Honoré, después del elogio de la lentitud pasa al «Elogio de la experiencia». Según sus propias palabras, «necesitamos una nueva solidaridad entre generaciones», que transmita la experiencia, y, con ello, mayor entendimiento.

Para ello no hace falta estar de acuerdo en todo, sino estarlo en salvar las diferencias, con el convencimiento de que, al hacerlo, todas las posiciones ganan y que, de no hacerlo, todas pierden. En particular, las de los más necesitados. Adela Cortina viene a referirse a ello como, «amistad cívica».

Aquellos que así lo entiendan serán los primeros en comprobarlo. Pues los tiempos actuales, más que nunca, exigen atender las diferentes situaciones de emergencia y, por ello, no cabe desoir a quienes defienden el entendimiento.

Evitando lo que advertía Jaume Roig, «tots parlaven no s'escoltaven». No cabe trazar líneas rojas para evitar se alcancen los acuerdos necesarios, pues las buenas ideas no son patrimonio de nadie sino de todos, en favor de una sociedad más justa.

El acuerdo pendiente, ante la actual situación económica y social, pasa por evitar que las miradas se dirijan hacia las opciones más extremas, de las cuales se acaba siempre regresando. George Orwell decía que, en tiempo de incertidumbre, algunos están dispuestos a girar la cabeza hacia cualquier opción imposible.

En una situación como la actual el compromiso debe alcanzar a todas las opciones políticas aproximando las posiciones sin abandonar las convicciones. Así lo recordaba, en palabras recientes, Joan Ignasi Pla, ex secretario general del PSPV-PSOE, en estas mismas páginas de Levante-EMV: «pactar no es traicionar».

Este es el fundamento de una verdadera revolución democrática con una mayor exigencia de responsabilidad individual, y ejemplaridad pública, transmitida con la experiencia.

Teniendo presentes los «valores de la comunidad», de que hablaba Eduardo Galeano, como aquellos que deben continuar inalterables en una sociedad democrática.

Pero aquí el entendimiento continúa estando minusvalorado, lo moderado no se lleva, los matices son ignorados, cuando son precisamente los que dan fundamento al acuerdo.

Hoy distintos partidos estatales y nacionalistas aprovechan las difíciles circunstancias actuales para disputar la razón de Estado al Gobierno, cuando es la fuerza de la razón la que permitirá superar los desencuentros, ante una realidad especialmente grave.

En el tema sanitario, como en el económico, quien tenga una propuesta global que satisfaga a todas las partes, comenzando por la más necesitada, sin descuadrar hasta lo imposible las cifras y el endeudamiento, debe aportarla, y seguro todos agradeceremos el esfuerzo.

Es tiempo para la palabra bien dicha. Nos queda la palabra que dijo Blas de Otero, «si he perdido la vida, el tiempo, me queda la palabra». Nos queda el tiempo justo para el entendimiento que evite el desgarro social.