26 de mayo de 2020
26.05.2020
Levante-emv

Que no sea la misma normalidad

26.05.2020 | 20:47
Que no sea la misma normalidad

Durante el tiempo de confinamiento hasta la esperada fase uno, hemos tenido mucho tiempo para pensar y repensar cómo vivíamos y cómo lo haremos a partir de ahora.

La normalidad a la que estábamos acostumbrados no era nada agradable para muchas mujeres, incluso era un infierno para algunas de ellas, imagínense durante el confinamiento.

En los meses de la normalidad a la que estábamos acostumbrados interveníamos con 1.300 mujeres para que lograran salir de la situación de violencia que vivían, y ayudábamos a otras 24 a salir de sus domicilios. Durante los meses del COVID, en la Comunitat Valenciana, hemos realizado un total de 10.527 atenciones y 70 ingresos en recursos residenciales.

En la normalidad a la que estábamos acostumbrados, las brechas se resistían a cerrarse, y todos los males de la humanidad se achacaban al feminismo, hasta incluso nos han responsabilizado de propagar la pandemia cuando ni siquiera la OMS lo había reconocido como pandemia. Pues al intento constante de judicialización del 8M se han sumado intencionalmente voces de condena. Y es que llevamos un tiempo, desafortunadamente, con una sobredosis de «política de Facebook». Opinar no es nada inocuo cuando se hace a través de plataformas con tanto impacto. Incluso parece hasta rentable si el objetivo es avivar el malestar entre tus followers, por ello, opinamos hasta de lo que desconocemos.

Opinar por encima de todo, incluso de los datos, de las personas expertas, es algo que ocurre con demasiada frecuencia. Sin embargo, ahora podemos llamarlo por su nombre, el Efecto Dunning-Kruger, opinar sin tener ni idea, o según su investigador David Dunning, imponer una opinión infundada como si fuese una verdad absoluta.

En este sentido, es fácil encontrar ejemplos del Efecto Dunning-Kruger, uno de ellos y además reciente es el negacionismo que hace la extrema derecha sobre la propia existencia de la violencia de género. Una idea altamente beligerante que va recogiendo adeptos entre caladeros de opinadores.

Y es que no hay nada mejor para desconceptualizar que hacerlo desaparecer entre un mar de opiniones.
Otra similitud la encontramos, entre quienes ahora se manifiestan contra el gobierno en los barrios de alta alcurnia, y para los que Roy Galán les ha dedicado unas fantásticas palabras en sus redes sociales.

Ellos, que sabiendo que lo que vivimos hoy es una pandemia, se saltan las medidas de distanciamiento y de seguridad, mientras a grito de dictador y sonidos de cazuelas, enrollados con una bandera que no les honra, piden libertad para sí mismos, sin importar la salud de los demás, al igual que nunca les importó, ni salieron a manifestarse cuando lo que se defendían eran los derechos de la mayoría, o sin ir más lejos, los derechos de las mujeres o la sanidad que atiende sin distinción.

No es casualidad, que tras estas convocatorias, Vox haya solicitado eliminar los fondos que protegen a las víctimas para destinarlos a la protección de sanitarios, cuando la mejor protección sería que respetasen su trabajo manteniendo las restricciones de movilidad y distanciamiento, como hacemos el resto de personas. Pero no lo pueden evitar, en su vocabulario, en su ADN no cabe un nosotros, unos todos, ni la complejidad de un país. Sus actos cumplen con su lema, «A por ellos», porque la cuestión es dividir, enfrentar a personas con argumentos que pretenden convertir, por extenuación, en verdades absolutas.

Lo que les pediría para esta nueva normalidad es que dejen atrás esta doble vara de medir, su necesidad de enfrentarnos mientras nos condenan, que dejen de negar de manera tan inquisitiva lo obvio, porque aunque el mundo se haya parado, la violencia no ha dejado nunca de existir, y ese señores y señoras, ese sí era un buen motivo para haber salido antes a la calle.
Que la nueva normalidad sea mejor que la anterior normalidad.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook