09 de junio de 2020
09.06.2020
Levante-emv

Una relación afectiva

09.06.2020 | 19:56
Una relación afectiva

Hace algún tiempo, apuntaba en estas mismas páginas de Levante-EMV la relación afectiva entre catalanes y valencianos, de la que se decía, primos hermanos, en atención a los indudables lazos culturales, lingüísticos, y también económicos, entre ambas comunidades.

Recientemente, he vuelto a recordar, con Carmen Ninet, el tradicional baile de sardanas que, organizado, entre otros, por su padre, Santiago, tenía lugar a los pies de Jaume I, en el Parterre, próximo a la calle de la Paz de València, donde se encontraba la Casa de Catalunya, y que se celebraba los domingos al mediodía, para solaz y distracción de quienes, catalanes y valencianos, lo seguían entretenidos. Así fue, hasta que algunos incidentes lo hicieron imposible, e interrumpieron, en cierta medida, aquella relación cordial.

Eran también años, en los que se trataba de recuperar nuestra memoria colectiva. Así, Josep María Soriano Bessó escribía sobre las diferentes expresiones artísticas, culturales y sociales, en, «Pels camins del retrobament»; Josep Vicent Marqués, lamentaba nuestra, «fosca conciència», en, «País perplex»; y Eduard Mira y Damià Mollà trataban de superar la ambigüedad valenciana, hablando de cultura «cruïlla», o de confluencia, en, «De impura natione».

Desde entonces un cierto distanciamiento se pudo observar entre ambas comunidades, valenciana y catalana, por motivos que acaso tuvieran una explicacíón política, pero no social. Apenas contactos institucionales y escasa colaboración mutua. Cosa incomprensible cuando, aparte cuestiones culturales, las relaciones económicas así como el tráfico comercial entre ambas, resultaban muy significativos.
Fue hace ya 41 años, por estas fechas, el 13 de junio de 1979, día de san Antonio de Padua, y con ocasión de la celebración de la festividad del Corpus Christi, cuando el President Albinyana recibía en Morella al President Tarradellas, iniciando la relación institucional democrática. Hoy, cuatro décadas más tarde de aquella iniciativa, la oportunidad de volver a recuperar una relación más activa, y positiva, para ambas partes, resulta evidente.

Se diría, además, que las circunstancias obligan, pues los intereses y afectos entre catalanes y valencianos, como sucede con otras autonomías, están también condicionados por las necesidades que se observan, en esta etapa de reconstrucción económica y social, para lograr una salida lo más operativa posible, que debe llevar consigo la reforma del modelo de crecimiento, y con ello, o quizás para ello, la puesta al día del funcionamiento del sistema autonómico.

Las dificultades de adecuación del Estado de las autonomías a las exigencias del momento, tras los mismos 41 años transcurridos, desde la aprobación de la Constitución, el 6 de diciembre de 1978, son muchas, pero ello no debe ser obstáculo para que las autonomías con intereses comunes recuperen el tiempo perdido y adecúen su funcionamiento, y sus relaciones, a la realidad actual.

Este puede ser el momento oportuno, aparte de necesario, para recobrar una relación afectiva, y efectiva, entre comunidades que nos son próximas, y, en particular entre valencianos y catalanes, en beneficio mutuo y propio.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook