14 de junio de 2020
14.06.2020
Levante-emv

¿Quién teme a los grupos de presión?

14.06.2020 | 19:50
¿Quién teme a los grupos de presión?

«La vida és feta de metalls innobles
que ja han perdut la seua lluïsor.
Però cap no envelleix
de forma més indigna que els trofeus».
Joan Margarit, 2005


En Bruselas hay lobbies, en Madrid grupos de presión, en Washington grupos de influencia, en València, Grupos de Interés de la Generalitat. En adelante GIG. Parece un chiste pero no lo es. ¿Dónde están? ¿Quiénes son? ¿Cómo actúan? ¿Para qué sirven? ¿Quién los registra y controla?

Pulso
Para remontar la situación de declive y desconcierto, provocada por varios meses de expansión pandémica y la consiguiente paralización del aparato productivo, lo que hay que poner en marcha es una entente de mínimos para que los ciudadanos —las personas— puedan salir del atolladero. Un pacto entre los agentes políticos, económicos, financieros, culturales y sociales. En el que sin reticencias ni remilgos, se pongan las bases de la reconstrucción del engranaje generador de riqueza y empleos. Estas situaciones no son nuevas. Las estructuras económicas que cayeron desde el 14 de marzo —inicio del confinamiento— con rapidez, tendrán que recomponerse rápidamente para que la sociedad valenciana recupere el pulso.

Circo
Los ciudadanos han podido contemplar un espectáculo deplorable. Los políticos en conflicto permanente entre ellos. A la caza del fallo y en la espiral del odio. Las cúpulas empresariales conchabadas en favor del reinicio de la actividad económica a toda costa. Los sindicatos ausentes de un debate en el que se deberían haber jugado el tipo. Los gobernantes desubicados y en la dinámica de la incompetencia. Los partidos de la oposición ultramontana, obsesionados en derribar el gobierno de Pedro Sánchez-Pablo Iglesias. Cuando lo que necesita el Estado español es convergencia y respaldo para superar el desastre. Es triste lo que confiesa el eurodiputado de Ciudadanos Luis Garicano, que ve más cohesión entre las fuerzas políticas de los 27 países miembros de la UE y entre los partidos políticos españoles en el Parlamento Europeo que en la Carrera de San Jerónimo.

Intransigencia
Las situaciones extremas e imprevisibles las pagan habitualmente los gobiernos establecidos. Salvo cuando la oposición perversa se empeña en dejar claro a los electores que la ingobernabilidad del país se debe a la irresponsabilidad de los partidos políticos airados. Los ciudadanos necesitan desarrollar su actividad cotidiana. La economía necesita recuperar el tono y recomponer los restos del cataclismo. Los sindicatos tendrían que dejarse la piel para taponar la sangría del desempleo. Para que los trabajadores se integren en nuevos negocios que surgirán tras la crisis sanitaria. Los estudiantes necesitan volver a las aulas para formarse. Son la esperanza de una sociedad en marcha. Los empresarios han de comprender que reactivar la economía a riesgo de que la pandemia se reproduzca es una aberración que atenta contra sus propios intereses. ¿Quién se responsabilizará de los muertos y de los repuntes de contagios? ¿Serán los que no han ganado las elecciones para gobernar? Hay una retaguardia empresarial, cobarde, que ni se deja ver ni asume compromisos. Que azuza a sus títeres, para que instiguen la vuelta a la actividad productiva. No aclaran si pretenden el hundimiento del país o el derribo del Gobierno, cuya composición y carga ideológica ni comparten ni soportan.

Grupos de presión
En la Generalitat existe el pretencioso «Consejo de Transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno de la Comunitat Valenciana». En abril, con el virus por las calles, vio la luz el dictamen del Consell Jurídic de la Comunitat Valenciana que tumbó la Ley de grupos de interés, propuesta por el exconseller Manuel Alcaraz (Alicante, 1958). Se fue cansado de batallar para clarificar y ordenar la urdimbre de grupos de presión que actúan en la Comunitat Valenciana. El primer y único conseller que se descartó ante la reedición del Consell del Botànic II. Profesor de derecho constitucional y político de convicciones, comprobó que sus colegas de gobierno no compartían su sensibilidad ni sus pretensiones.

Derecho foral
Alcaraz ya se estrelló en su intento de reinstaurar el Derecho Civil Valenciano. Los valencianos podrían testar y heredar dignamente. Fue el Consell al que pertenecía, que lo creyó secundario, el que con su escasa fe potenció la indiferencia de los gobiernos del PP —Mariano Rajoy—y del PSOE -Pedro Sánchez. Ahora ha sido la reprobación del inútil (2.500.000 euros anuales ) Consell Jurídic de la Comunitat Valenciana que preside Margarita Soler, el que ha impedido seguir la pista y la huella de los grupos de presión. La excusa: no hay 250.000 euros para sufragar el funcionamiento del registro, personal y aplicación informática.

Sintaxis y ortografía
Cuando existía ya un informe de la Abogacía General de la Generalitat —más competente y barata-, sobre su inviabilidad, se ha recurrido al Consell Jurídic, para perder tiempo y complicar el trámite. Ha emitido un dictamen después de seis meses, confuso, farragoso, repleto de incorrecciones y mal redactado. Proclama nula de pleno derecho la Ley de lobbies de Alcaraz. ¿Qué razones paralizan la ley de grupos de presión de la Comunitat Valenciana? ¿Serán los mismos grupos de influencia a controlar los que no consienten ser regulados?

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