18 de junio de 2020
18.06.2020
Levante-emv
Tribuna

Teletrabajo y corresponsabilidad

18.06.2020 | 22:27
Teletrabajo y corresponsabilidad

Desde hace mucho tiempo los trabajadores y trabajadoras aspiran al teletrabajo como medio para poder organizarse mejor el tiempo y ser más eficaces y eficientes en sus tareas. Y de repente ha venido el coronavirus, el confinamiento y el ¿teletrabajo?

De la noche a la mañana, a todos los que tenían un trabajo vinculado al ordenador, se les ha emplazado a «teletrabajar». Y la sociedad se ha dado cuenta de que no era eso lo que pensaba.

Y es que el teletrabajo no es hacer lo que muchas veces se hacía en el lugar de trabajo, pero ahora desde casa, replicando malos hábitos como el telepresencialismo. En demasiadas ocasiones, las formas de distribuir y organizar el trabajo no han cambiado, o incluso se han agravado por el hecho de no separar espacios ni tiempos por el confinamiento.

La Covid ha traído también a los niños a casa, con lo cual, la conciliación «tradicional» que separa los roles profesionales de los personales se ha roto para muchos trabajadores.

No tienen suficiente tiempo para estar con la familia, trabajar y dedicar horas al ocio. Se ha convertido en una conciliación superpuesta, porque el teletrabajo se hace compartiendo espacio con el resto de la familia, al tiempo en que, especialmente las mujeres, asumen las responsabilidades familiares e incluso educativas.

El teletrabajo es, para muchas personas, no difícil, sino imposible, porque, al mismo tiempo que trabajan, tienen que ayudar a sus hijos e hijas con sus deberes, grabarles tocando la flauta o enviar una foto de las multiplicaciones que han hecho, con la tensión de que, si no llega a tiempo, a sus pobres y trabajadores retoños les van a poner un 0. Muchos chistes y anécdotas han corrido por las redes sobre las dificultades que físicamente ha supuesto este sobreesfuerzo para muchas madres.

Y tras el confinamiento ha venido la desescalada, en la que muchas empresas, en un ejercicio de flexibilidad, permiten a los y las empleadas decidir si continuar desde casa o volver al centro de trabajo, presuponiendo que es una elección ¿libre? Y allí, una vez más, la cosa se ha complicado, porque, claro, con los niños en casa, alguien tiene que quedarse. ¿Y quién lo ha hecho mayoritariamente? Las mujeres.

Los datos demuestran el impacto negativo de este teletrabajo en tiempos de confinamiento en las mujeres. Las revistas científicas denuncian que han descendido considerablemente los artículos científicos presentados por mujeres para su publicación. Resulta difícil escribir cuando, al tiempo que se acostumbran a trabajar en remoto, atienden a los hijos, cuando no a los mayores, que precisan una atención especial estos días.
La corresponsabilidad es todavía una asignatura pendiente en nuestra sociedad. Por ello, la mayor parte de las mujeres son las que, «en caso de poder elegir», se han quedado en casa, con todo el estrés que ello supone y, encima, saliendo de los ejes de tomas de decisiones, como son los pasillos o los cafés, que vuelven a ser copados por los hombres.

Hace un tiempo, la Universidad de Oxford realizó un estudio en el que demostró que los trabajadores a media jornada, en concreto las mujeres, en vez de conciliar adecuadamente, hacían jornada y media, porque la familia suponía que, ya que tenía más tiempo, debía dedicarlo a ellos y liberar, así, la carga a los varones. Pero es que, además, en tiempos de crisis, los trabajos a media jornada son los peor pagados y los primeros que desaparecen. En definitiva, las mujeres, con esta nueva crisis, vuelven a salir perdiendo.

Pero pensemos en positivo. Hablamos de una «nueva normalidad», pues aprovechemos esta crisis para reconstruir el mundo laboral de una manera más racional, más justa, más eficaz y€ más femenina.

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