21 de junio de 2020
21.06.2020
Levante-emv

También la especial

21.06.2020 | 19:55
También la especial

El debate que se está generando en torno al sistema educativo de las personas con discapacidad es de esas cuestiones que te enseñan que no existen verdades absolutas. Trabajo como abogado en este sector desde hace más de 20 años, principalmente en el colectivo de personas con discapacidad intelectual, y puedo decir que cuando los especialistas tenemos que hablar de educación inclusiva o especial lo hacemos cargados de razones y siempre priorizando el interés de estas personas y sus familias.

A pesar de que en las últimas semanas la ministra Celáa ha querido ser rotunda al asegurar que no pretende cerrar los centros de educación especial, aquellos que defienden la coexistencia bajo el lema de «también la especial» han planteado un intenso calendario de movilizaciones, por cuanto tienen razones fundadas para estar preocupados. Así, nos encontramos con una tramitación que de forma intencionada se ha acelerado durante el confinamiento y que plantea una supuesta coexistencia sin dotación presupuestaria; además, y aunque ahora se manifieste en sentido contrario, hay innumerables declaraciones de la ministra donde abogaba por vaciar e incorporar progresivamente a todo el alumnado a los centros ordinarios; y por último, cabe recordar el erróneo papel jugado por alguna de las organizaciones representativas de la discapacidad, que defendió también la educación inclusiva como única alternativa.

Creo que el gran problema, como siempre sucede, ha sido politizar esta cuestión y extraerla del ámbito social. Pensar que no es posible y necesaria la coexistencia entre ambos modelos es un reduccionismo absurdo. Pero es más, desde mi punto de vista se está produciendo una flagrante vulneración de la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad de 2006, ya que se está tramitando una norma tan significativa sin haber establecido una correcta sistemática de participación efectiva de las personas y colectivos con discapacidad afectados, y digo bien afectados, por cuanto en este caso son ellos quienes deben tener voz propia en este debate y no ninguna otra organización que se autodefina como único representante de toda la discapacidad.

No es bueno plantear este tema en términos de vencedores y vencidos, donde parece que todos debemos posicionarnos, como si la discapacidad no fuera heterogénea y diversa. Por ello, y no queriendo caer en ese error de plantear una exhaustiva defensa de los centros especiales, ya sea en el ámbito educativo o laboral, lo único que debemos tener claro es que desconocer su existencia y buen trabajo es tanto así como cerrar injustamente los ojos a una realidad que necesitan a diario muchas personas con discapacidad de especial vulnerabilidad.

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