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Las estatuas llevan siglos, muchos siglos, honrando próceres que dispusieron en el momento de influencia o poder bastante para que su bolsillo, o el de una institución, pagase los gastos. Hay excepciones, claro, como la estatua de Cánovas del Castillo levantada en Madrid por suscripción popular, pero son las menos. Y en casi todos los casos terminan en el olvido los méritos del homenajeado salvo que venga en los manuales de Historia del bachillerato (bueno; tiro de recuerdos porque ya no sé si existen tales manuales, ni si, de existir, dicen todos lo mismo). De nuevo sale Madrid como excepción, habida cuenta de que en esa ciudad hay una estatua dedicada al demonio, personaje que conoce todo el mundo. Me fijaba en ella a menudo cuando iba camino de mis clases de ingeniería un siglo atrás.

Ahora los vientos de la moda soplan con el fin de derribar estatuas que, desde luego, es mucho más barato y rápido que levantarlas. Les tocó el pato tras la caída del muro de Berlín „estatua por antonomasia„ a Lenin y a Stalin, cuando no al mismísimo Carlos Marx. Y una vez abierta la barra libre raro es el momento en que no se emprende la hazaña de perseguir estatuas incluso si el emprendedor de la campaña no sabe nada de la razón que llevó a erigirlas, que tampoco es cosa de perder el tiempo con minucias. La oleada lleva ahora a pintarrajear a Colón pero mi caso preferido es el del franciscano de Petra Junípero Serra, el evangelizador que se enfrentó a políticos y militares defendiendo los derechos de los nativos colonizados en California y que, por cierto, es el único español que aparece en el Salón Nacional de las Estatuas del Capitolio de Washington. Pues bien, después de que este lunes el pobre fray „su estatua„ apareciese con pintadas acusándole de racista, hechas con toda seguridad por historiadores que han repasado con mayor cuidado los documentos de su biografía, una concejala de Palma también muy versada en Historia ha pedido que se tire la estatua aunque eso sí, de manera pacífica. ¿Empujándola poco a poco hasta que llegue al ámbito municipal de Llucmajor? ¿Quitándole un granito al día durante los próximos 40 millones de años?

Es mucho más fácil que todo eso. El alcalde de Boadilla del Monte se ha ofrecido a acoger la estatua de Serra vandalizada en California. Seguro que se quedaría también con la de Palma. Y ya que estamos, se le podría pedir que se lleve (pacíficamente) la catedral, claro monumento a la opresión evangelizadora de nuestros pobres ancestros nativos que tanto habrán tenido que sufrir de romanos, musulmanes y cristianos antes de que, por fin, salga en su defensa la concejala. Que pertenece al mismo partido y especialidad de quien, desde su ministerio, acaba de pedir de que aprovechando lo de Junípero Serra se revise la Historia enterita, desde el código de Hammurabi hasta el catastro urbanístico de Galapagar, supongo.

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