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A fondo

La dificultad de nacer niña

Cada año Bill y Melinda Gates envían al mundo una carta anual en la que hacen balance de su labor filantrópica y reflexionan sobre los retos que la humanidad tiene pendientes. Melinda Gates decía en la que hicieron pública el pasado mes de febrero que, cuando constituyeron la fundación que lleva su nombre, les asustó -literalmente- constatar la cantidad de niños que mueren cada día en el mundo por enfermedades fácilmente evitables.

Esa toma de conciencia se materializó en la Alianza Internacional por la Vacunación, la Gavi, una corporación global para la que los Gates reclutaron a Unicef, la Organización Mundial de la Salud, el Banco Mundial, estados, diversas ONG, empresas y muchas otras entidades, y que desde su constitución ha conseguido inmunizar a 760 millones de niños contra infecciones letales como la difteria, la tosferina, el tétanos y la polio. Hace días, la Fundación Princesa de Asturias reconocía su trabajo con la concesión de su premio anual en la categoría de Cooperación Internacional.

«Creemos que invertir en Gavi fue una de las mejores decisiones que tomamos y estamos encantados con la rentabilidad que ha tenido nuestra inversión», opina Melinda Gates, porque, evidentemente, nada hay más importante que la salud, y sin ella no es posible que las sociedades progresen y construyan un futuro próspero. En los países con sistemas sanitarios más débiles, las niñas y las mujeres están más expuestas a la enfermedad. La vulnerabilidad general de la población se incrementa en ellas por la alta tasa de embarazos, muchas veces precoces, la carga de la crianza o, incluso, prácticas culturales como la ablación genital.

Para los Gates, la salud global y la educación son una prioridad. También la lucha contra el cambio climático y, en especial para Melinda Gates, contra la desigualdad de género. «The Moment of Life» («No hay vuelta atrás») es el título del libro que escribió tras ser testigo, en sus viajes por todo el mundo, de las dramáticas condiciones en las que las mujeres sobreviven en muchos lugares. El desigual acceso a la educación, los matrimonios y la maternidad a edades escandalosamente tempranas y el sometimiento a los varones en todos los aspectos de sus vidas tienen graves consecuencias para las mujeres que viven en países pobres; en los más desarrollados, reseña Melinda Gates, la desigualdad se expresa más evidentemente en el ámbito laboral. Ella, con un expediente académico brillante y una solvente carrera profesional a sus espaldas, llama la atención sobre el hecho de que en los Estados Unidos, su país, las mujeres obtienen títulos universitarios y de posgrado a tasas más altas que los hombres, y, sin embargo, ellos tienen un 70 por ciento más de probabilidades de ser ejecutivos.

«Los datos son inequívocos: independientemente del lugar de nacimiento, la vida es más difícil si naces niña», nos advierte Melinda Gates.

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