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Julio Monreal

La plaza, el fuego y un balcón al mar

Urbanismo de consenso, proclama la vicealcaldesa Sandra Gómez hoy mismo en estas páginas. Diseño de consenso y de calidad, reclama Marisa Gallén, una de las almas de la capitalidad mundial del diseño 2022 también en la entrevista que hoy publica Levante-EMV. Pero los consensos brillan por su ausencia. Cada agente parece ir a la suya y el resultado es una sucesión de ocurrencias.

A falta de un consejo asesor de diseño en la ciudad de València como el que reclama el sector, que contribuya con su gusto y conocimiento a la mejora de la imagen y la funcionalidad de la capital, los gestores de los autobuses públicos son los que están decidiendo los cambios en la dinámica urbana con maceteros de hormigón de 80 euros el rulo pagados a precio de oro (cerca de 1.000 euros por unidad). Como las tareas no están bien delimitadas entre el Ri y el Alto en el gobierno local, se marchan los de Movilidad y entran los de Urbanismo a reasfaltar la plaza del Ayuntamiento con la misma piedra rojiza que Rita Barberá puso en las aceras (cabe esperar que no sea ahora tan resbaladiza como entonces). Y lo primero que tiene que hacer la contrata es quitar los maceteros que llevaban puestos un mes. El lío está servido. ¿No habría sido mejor hacerlo todo a la vez? No, porque parte fundamental de lo que se hace es que se sepa quién lo hace.

Así pues, la capitalidad del diseño que fue ignorada cuando se colocaron los maceteros ha tenido idéntica no-participación en el proyecto de realfaltado en rojo. Pero, ojo, prohibido criticar, que si alguien lo hace salen los maceros municipales a señalar que los díscolos lo que quieren es que no se peatonalice el espacio.

A finales de agosto habrá plaza con nueva cara, pero solo será un lavado y peinado. La cirugía llegará en dos años (o más) cuando un concurso internacional de ideas contribuya a rehacer lo que está manga por hombro desde 1961, cuando fue demolida la «Tortada» de Goerlich. Para evitar interferencias, la vicealcaldesa ha marcado los condicionantes del concurso: un espacio para la falla, un espacio para las mascletades y un espacio para los puestos de flores. El sector Alto del Pacte del Ri-alto, (los socialistas) ya da por hecho que los autobuses de la flamante línea lanzadera C-1 quedarán fuera de la plaza, que será peatonal. Patada a los maceteros de hormigón con guante de seda: si no hay autobús por la plaza no hacen falta los rulos de hormigón pintados de verde. Habría sido más fácil oponerse desde el principio y evitar la compra de las jardineras prefabricadas, pero el pacto tiene su precio. Lo malo es que se paga a escote entre los vecinos.

La Fundación Goerlich, que tutela y difunde el legado del que pasa por ser uno de los arquitectos que más y mejor huella han dejado en la capital del Turia, ha puesto en marcha un foro sobre el diseño de la plaza del Ayuntamiento de cara al concurso internacional y ha pedido opinión escrita a decenas de agentes que conocen/piensan/aman/trabajan la ciudad. Honrado y agradecido de ser uno de los llamados a expresar su parecer, el resumen de la reflexión de este cronista es: falla, sí; mascletades, no; flores, donde más convengan o las reclame el mercado.

La explanada para el disparo de los fuegos de las dos de la tarde es el auténtico lastre para el diseño futuro de la plaza. Ya antes del coronavirus, cada año se ha venido recortando el aforo del espacio por motivos de seguridad. Al vallado de cinco metros de altura se ha venido sumando un cada vez más amplio cordón de protección civil de forma que cada vez es más difícil presenciar una mascletà en la parte ancha del trapecio, en la que están el ayuntamiento, Correos y la tienda oficial del Valencia CF. Los castillos nocturnos de fuegos artificiales ya tuvieron que abandonar la plaza por razones de seguridad, trasladándose al Jardín del Turia a la altura de la Alameda, un espacio en el que un millón de personas puede seguir en directo el disparo sin ningún problema.

A las continuas restricciones de aforo conviene sumar otros dos motivos que aconsejan el traslado de las mascletades. Por un lado, el trastorno que ocasionan los disparos durante 19 días consecutivos en la Administración, el transporte, el comercio, la enseñanza y otras actividades ubicadas en el centro es insufrible e insostenible. Por otro lado, la losa pavimentada que sirve de base a los fuegos podría sumarse como espacio ajardinado y arbolado que refrescara el ambiente en un contexto de mejora urbana y cambio climático.

¿Donde llevar los fuegos de mediodía? Junto al mar. El centro histórico ha vuelto a ser el espacio casi único de la fiesta tras los años de oro de Nou Campanar. Es evidente que las más de 300 comisiones viven y proyectan las Fallas por toda la ciudad, pero los atractivos principales (monumentos de sección especial, luces, mascletades, falla oficial, etc) están en un radio de un kilómetro.

La creación de un nuevo polo de atracción fallera en torno al paseo marítimo o la Marina de València abriría una ventana que la fiesta no ha tenido hacia el mar y descongestionaría el centro en las horas centrales del día. El casco antiguo mantendría todo el atractivo del recorrido de fallas, luces y buñuelos y se abrirían nuevos horizontes junto al Mediterráneo, que falta hacen en una fachada marítima yerma de oportunidades y novedades.

La mudanza del fuego vespertino dejaría sin protagonismo fallero al balcón que en los años 60 adosó el arquitecto municipal Román Jiménez a la fachada consistorial, desde donde las falleras mayor e infantil indican al pirotécnico que «pot començar la mascletà». Pero hay solución. No tiene el ayuntamiento más que trasladar la torre miramar de hormigón y cristal que cría óxido desde hace casi una década en la rotonda de la avenida de Cataluña. Tiene altura, ascensor, porte y protección para convertirse en el nuevo balcón fallero marítimo. Y de paso tendría uso.

Golpe al urbanismo con la supresión de la especialidad en la UPV

Malas noticias para el urbanismo valenciano. El Departamento de Urbanismo de la Universidad Politécnica de Valencia ha decidido eliminar para el nuevo curso 2020-21 la especialidad de la disciplina que le da nombre y que viene impartiéndose durante décadas incluso con secciones relacionadas con la especialidad, como son las de arquitectos urbanistas y arquitectos al servicio de la Administración.

Destacados profesionales y entidades colegiales han expresado ya su malestar por esta decisión a los distintos órganos de la Politécnica, incluido el rector Francisco Mora, aunque la elección de los programas docentes corresponde a los departamentos y no al Rectorado.

En este marco, un grupo de profesores se ha dirigido por escrito a Mora para pedirle que respalde el mantenimiento «on line» de la especialidad en el segundo ciclo formativo, ofreciéndose a impartir docencia sin cargo alguno, a mantener colaboraciones externas de talla internacional para exportar experiencias y a asegurar la creación de cátedras de empresa que financien actividades para dar valor añadido a la especialidad del máster de urbanismo. En plena reflexión sobre cómo han de ser diseñados o transformados los espacios urbanos tras el impacto de la pandemia, la pérdida de oferta docente y de transmisión de conocimiento en ese campo parece un mal camino para la necesaria suma de esfuerzos en el análisis y las decisiones.

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