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Mujeres y niños, primero

Y no estamos en un barco. Es solo una crisis de la que no solo no van a salir antes, a modo de tratamiento de choque de naufragio. Y no, tampoco van a ser mujeres e infancia los primeros en recuperarse. Para saberlo no es necesario aplicar la bola de cristal. Basta con mirar el presente, para constatar que una vez más sufrirán mayor afectación, mayor daño. Contamos con la experiencia del pasado. Sobre las mujeres ha recaído lamentable y frecuentemente el peso de cargas que precarizan su estatus laboral o lo devuelven ahí donde confluyen amor y labores con un emocionante cartel de "gratis". Se ha trabajado para que no sea así. Lo han puesto de manifiesto grupos y organizaciones de todos los colores y naciones. Pero así ha sido. De la infancia se ha hablado menos. No protesta. No vota y pocas veces se le presta voz y mucho menos oídos. Pero esta vez, con ocasión de la crisis producida por la pandemia de la covid-19, parece que las alarmas comienzan a sonar pronto y desde lugares constatablemente serios.

Ya sé, ya, que al comienzo del estado de alarma, los hombres de la casa salieron en masa a hacer la compra, de las pocas actividades realizables en la calle, más allá del paseo canino. Hay quien esgrimió que había surgido el macho protector frente a la hembra temerosa. Pero hay peores lenguas que hablan de mecanismo de escape, vayapordios, gente que duerme enroscada. Sea como fuere, el caso es que una institución tan poco sospechosa como la Organización Internacional del Trabajo ha alarmado en torno a las consecuencias negativas de la covid-19 sobre la brecha de género. Y como suele ocurrir de manera sistemática cuando se trata de mujeres, consecuencias múltiples. Por los trabajos desempeñados. Y por los trabajos desempeñables. Por el elevado porcentaje femenino dedicado a los sectores más afectados por la crisis (el 40% de las empleadas lo están en hostelería, restauración, industria manufacturera y comercio). Porque además son mayoritarias en los sectores sanitarios que más han sufrido la exposición al contagio. Porque en la más lenta o más rápida recuperación económica los trabajos precarios recaerán sobre ellas. Porque ante el cierre de colegios o restricción horaria en los mismos y ante el parón de servicios de cuidados de mayores, existe un mayor riesgo de lanzar a la mujer a esos trabajos no remunerados y a sus cuarteles (léase hogares) de invierno.

Y en el siguiente escalón quedan los niños y las niñas, eternos olvidados?, pequeñines?, dicho sea con todo el cariño hacia nuestro futuro. Tres millones podrían ser pobres a finales de año. Así de bestia. Y así de claro. Y no lo dice cualquiera, sino la fundación Save the Children, que en su último informe "Infancia en Reconstrucción" alerta de que el porcentaje actual de un 26,8% de pobreza infantil (que no es baladí) podría convertirse en un 33,3%, al tocar fin este 2020 que en el futuro bien merecería ser conocido como "El Pobretón". Y en su informe insisten en que la pobreza también tendrá mayor sesgo femenino, más allá de infancia, porque los más afectados nuevamente serán los hogares monoparentales que yo prefiero denominar monomarentales y no por cabezonería, sino por realismo que no siendo mágico merecería serlo, ya que de los cerca de dos millones de estas familias el 80% está liderado por mujeres. Monoma o monopa, que da igual, estas familias podrían aumentar su riesgo de empobrecimiento en cinco puntos, hasta llegar al 48%.

Quien esté leyendo este artículo seguro que no está afectado por un salario de 7.000 euros anuales. Qué barbaridad dirá quien lee y lo digo yo misma escribiendo. Pero es la cifra de ingresos totales que se valora como posible ingreso para más de un tercio de las familias que ya vivían situación de exclusión, una cantidad que elimina cualquier sombra de esa duda que siempre se cierne sobre la realidad de la pobreza en nuestro país. Y otra cosita: sí, somos más digitales, hay quien asegura que se ha avanzado en tres meses lo que se esperaba para cinco años. Pero la pandemia, según el informe de Save the Children, ha desenmascarado la brecha digital tan importante que sufren las familias más desfavorecidas, que ha impedido a un 64% seguir la "normalidad" escolar durante la crisis por falta de recursos y por la dificultad de los mayores para ayudar a sus pequeños, y eso a pesar del ambicioso programa "A tu lado" que la organización desarrolló durante la pandemia.

Con estos mimbres tendrá la sociedad que fabricar unos cestos cargados de inseguridad, insalubridad emocional, más allá de la económico-financiera. De momento, sabemos que sufren en silencio. Pero el silencio no puede ser la única o la principal respuesta.

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