21 de julio de 2020
21.07.2020
Levante-emv
reflexiones

Democracia participativa que no acaba de venir

21.07.2020 | 23:20
Democracia participativa que no acaba de venir

Las formas tradicionales de gobernar, en las que la ciudadanía ha sido considerada como receptora pasiva de servicios y el convencimiento de la clase política de que es la única y legítima representante de la sociedad al obtener el respaldo electoral, han coadyuvado a la desafección política de nuestra sociedad y un importante deterioro en la pérdida de confianza de sus instituciones. Como respuesta, desde la política, se quiere contrarrestar esta tendencia con medidas de regeneración democrática, entre las que se encuentra el impulso de la participación ciudadana. Así lo atestiguan las constantes declaraciones y promesas que van formulando las formaciones políticas, tal vez, por la presión ejercida durante años por entidades ciudadanas vecinales, sociales y ecologistas. Y eso es bueno.

Desde la Conselleria de Transparencia, Participación, Cooperación y Calidad Democrática se lanzó el mensaje de un nuevo paradigma y modelo de relación: El Gobierno Abierto como modelo de relación entre Gobierno, las administraciones y la sociedad orientado a la participación de la ciudadanía tanto en el seguimiento como en la toma de decisiones. La propia concepción de Gobierno abierto ofertada se realiza, sin embargo, desde las dinámicas tradicionales de gobernar, por lo que, de entrada, no coincide con nuestro concepto de participación ciudadana ni de democracia participativa: se mantiene la normativa, se opta por otorgar el mismo nivel y valor a la participación individual mediante la gobernanza electrónica, se propicia una nueva sociedad administrativa emergente al margen de las legalmente constituidas y permite el favoritismo a determinadas entidades de marcado carácter ideológico. Esta restrictiva concepción participativa de la democracia fomenta la apatía política, alienta la abstención (basta ver la «participación» de los últimos Consejos de Participación) y acaba por ser un reino de profesionales expertos en gestión de proyectos para la obtención de subvenciones. Así pues, a día de hoy, escasa participación en el seguimiento y nula participación en la toma de decisiones, en todos los ámbitos locales y autonómicos. La excepción confirma la regla.
El hecho de que se quiera destacar la importancia de la participación, no asegura que vaya a ser un tema prioritario en la agenda política, ni que el discurso esté suficientemente interiorizado y tenga el mismo significado para todo el mundo. Sin la necesaria reflexión y concreción específica, se corre el riesgo de que el discurso se muestre vacío y sea un mero reclamo electoral. En el caso de que realmente se quiera aplicar, puede ocurrir, como ocurre, que un déficit de definición favorezca que los nuevos equipos de gobierno se lancen a practicarla sin sentirse cómodos o sin saber gestionarla y asumir sus consecuencias, pudiendo generar experiencias negativas que, posteriormente, costará mucho tiempo superar. Debe entenderse que si la clase política no tiene voluntad de cesión de alguna cuota de soberanía del Poder para estimular y fomentar la participación ciudadana, nada habrá servido ni en nada se habrá avanzado.

Nadie dijo que fuera fácil, pero entendemos la participación ciudadana como un proceso de transformación social permanente, en el que el propio hecho de participar transforma a quienes participan, y adoptan decisiones responsables, donde nadie impone un control ni fórmulas predeterminadas, sino que la participación se va haciendo a lo largo del camino. Propuestas, diálogo, debate, negociación y acuerdo. No hay fórmulas, no hay modelos, no hay recetas, tan solo se cuenta con voluntad política, si la hay, y la presión del asociacionismo ciudadano organizado para convertir los distintos Consejos autonómicos y/o locales en centros de decisión de la creatividad social. A pesar de todo, seguiremos colaborando, como siempre, con la Conselleria que ahora pone la Participación en primer lugar, para mejorar la normativa existente y potenciar la democracia representativa que pueda garantizar la necesaria coordinación de todas sus áreas que, por lo general, son las Consellerías de la Generalitat y Concejalías en los ayuntamientos. Pero ya advertimos, que para materializar la participación ciudadana se necesitará dotarla de los recursos administrativos, materiales, económicos y técnicos necesarios. Ha llegado la hora del reconocimiento explícito a las entidades y asociaciones ciudadanas y vecinales que, sin apenas recursos, fomentan y estimulan la participación ciudadana en todos los asuntos públicos y se han convertido en canales y cauces democráticos de participación. De lo contrario, nos exponemos, una vez más, al discurso retórico y al abandono de las entidades que tejen el asociacionismo ciudadano, estructuran y vertebran la sociedad civil. Todo un reto.

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