El vocablo griego polis identificaba en la antigüedad la ciudad como espacio público, donde las personas podían expresar libremente sus ideas y opiniones sobre asuntos que resultaban de su interés, participando directamente en la elección de los órganos de poder y por tanto en la fórmula de su gobierno.

Es por tanto la política una continua y constante confrontación ideológica que a nadie debe sorprender, con diferentes propuestas y puntos de vista, orientados a dar respuesta a las expectativas sociales que en cada momento se plantean.

Pero como cualquier actividad, el ámbito político necesita de unas normas y regulaciones que controlen los valores fundamentales hacia lo legítimo, garantizando su implantación y desarrollo por unas Instituciones eficientes para el bienestar social y orden democrático.

Hasta aquí pura teoría muchas veces descrita que subscribimos ciudadanos y políticos. Llevar estos modelos a la práctica diaria ya es otra cosa, conlleva dificultades a veces insalvables porque unos nos decepcionamos, hartamos y desistimos, y otros más allá de campañas electorales, hacen de su capa un sayo y buscan sus propios intereses, sus cotas de poder y su exclusiva satisfacción personal.

La clase política viene señalada en los últimos tiempos por la corrupción, el bajo nivel en su discurso marcado por el enfrentamiento, insulto y gresca continuada, la falta de estrategias de estado negociadas y en general una carencia de credibilidad que provoca la peligrosa decepción del ciudadano elector.

Declaraciones de Gabriel Rufián y el resto de opciones políticas independentistas catalana afirmando que €.. la monarquía no nos representa, €€ no responde a los valores republicanos, y últimamente el tuit del diputado de ERC viralizado en pocos minutos sobre Juan Carlos I y su aportación económica a Corinna, no deja de significar una falta de coherencia política.

Nada más lejos que justificar hechos delictivos allá donde los haya, incluso en la Jefatura del Estado si finalmente la justicia "igual para todos" así lo ratifica. Tampoco sorprende que la ideología republicana reproche y rechace actuaciones de la corona, pero lo que no deja de sorprender es la escasa o nula reflexión a cerca de la casa donde uno habita.

El juez de la Audiencia Nacional José de la Mata, ha propuesto juzgar a los nueve miembros de familia Pujol Ferrusola por formar una organización criminal para enriquecerse durante décadas por actividades corruptas, al considerar acreditado su posición privilegiada de ascendencia en la vida política, social y económica catalana durante decenios, para acumular un patrimonio desmedido, directamente relacionado con percepciones económicas derivadas de actividades corruptas.

La propuesta de juicio también afecta a 18 personas que participaron o colaboraron en actividades ilegales vinculadas con los 9 miembros de la familia Pujol, hecho relevante en la sociedad catalana que consolida el 3% de comisión por adjudicación de obra pública durante décadas.

Sr Rufián le he considerando, salvando sus ideas republicanas e independentistas, una gota de agua fresca en un Congreso bronco y zafio, por sus aportaciones críticas y lenguaje voraz y sarcástico. Cuanto me gustaría oírle o leerle en la red social que usted frecuenta algo así como € " La familia Pujol tampoco me representa". Dejaría a más de un catatán satisfecho y por supuesto a otros tantos españoles.