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El lápiz de la luna

La era de los influencer

Todo el mundo critica a los influencer. Que si tienen una vida muy fácil. Que si todo es aparentar. Que si no tienen cerebro. Que si, que si, que si? Pero después la mayoría acaba actuando como ellos. El último ejemplo lo tenemos en el posado para El País de Fernando Simón. Cada domingo espero con ansias el suplemento de dicho periódico para leer las columnas de Rosa Montero, Javier Marías, Javier Cercas, entre otros, y del susto al ver la portada se me cayó la revista al suelo y se me derramó el café que llevaba en mi taza de lunas camino del salón. Allí aparecía el respetado epidemiólogo, que ha hecho de portavoz del Gobierno durante los meses más duros de la pandemia, montado en moto y posando como si fuera Mario Casas en la película "A tres metros sobre el cielo". Cazadora negra de cuero, vaqueros desgastados, cara de pillo y moto agresiva. En resumen, un error. Sí, un error porque no se pueden mezclar higos con brevas. O eres un reverenciado epidemiólogo y quieres que se te admire, respete y valore por ello o eres un intento frustrado de influencer jugando a ser modelo. Sé que vivimos en la era de las redes sociales, del marketing y del un Megusta vale más que un Máster y, con comportamientos como el de Simón, seguimos fomentándolos. La explicación del epidemiólogo fue que "les hacía gracia que viniera en moto cada día y me propusieron la portada". Mi compañera viene en bicicleta, mi compañero en autobús y yo en coche y si apareciera cualquier revista que considere gracioso nuestro medio de transporte a retratarnos diríamos que no. Porque somos profesionales de la educación, de la psicología o del trabajo social y no modelos de pacotilla. También podría decirse que no tenemos tirón mediático y a la gente le importa un cochafisco cómo vayamos o vengamos. Y es triste. Es triste porque estoy segura de que cientos de médicos de España van y vienen de los hospitales en moto, en coche, en bici o en metro donde pasan largas jornadas salvando vidas que merecerían estar, no solo en la portada de El País, sino en la de todos los periódicos y revistas. Pero ellos no son Fernando Simón. No son los portavoces del Gobierno. Ellos solo salvan vidas en el anonimato. ¿A qué estamos jugando? ¿En qué clase de sociedad nos estamos convirtiendo? ¿Dónde está eso de que saldríamos mejores personas? ¿Qué delgada línea separa la profesionalidad del folclore? No me gusta lo que vi porque creo que el epidemiólogo debería llevar con más elegancia su posición de científico y no caer en esos juegos viles de marketing. Después no nos enfademos con nuestros hijos o con nuestros alumnos si no quieren estudiar porque quieren ser youtuber, instagramer o influencer si la gente le da más importancia a la portada de una revista que a un discurso científico.

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