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El poder de la mirada

Decía la Madre Teresa de Calcuta "La Paz comienza con una sonrisa". Es cierto que la sonrisa normalmente denota amabilidad, alegría, ternura y empatía. Detrás de una sonrisa sincera posiblemente haya una persona que goza de un importante equilibrio emocional y por consiguiente esté disfrutando su vida desde la paz interior. Pero, también es cierto que la sonrisa puede confundirnos ya que no resulta complicado utilizarla como una bonita máscara. Quizá se nos haya acostumbrado a sonreír aunque las circunstancias fueran desfavorables. Desde pequeños habremos escuchado una y mil veces aquella frase grabada a fuego de "a mal tiempo, buena cara". El niño lloraba ante una pequeña caída y sus padres insistían en que acallara su llanto. El llanto cesaba, pero el dolor quedaba impreso en sus pequeños ojos.

Hoy, la pandemia y las mascarillas ocultan nuestras sonrisas. Hoy, los ojos y las miradas cobran más que nunca una relevancia inusual. La vista es el sentido más importante del ser humano, pero no solo nos permite captar e interpretar información del exterior. Nuestros ojos trasmiten también muchos sentimientos y emociones que, en ocasiones, delatan nuestros estados de ánimo. Nuestras miradas actúan como un interesante elemento de comunicación no verbal y sacan a relucir lo peor y lo mejor de nosotros mismos.

Precisamente, esta semana comentaba con un amigo que desde que se ha instaurado el uso de la mascarilla en espacios cerrados, observamos en mayor medida las miradas de los otros. Declaraba mi amigo que era curioso cómo no se había fijado hasta ahora en la mirada de personas que veía casi a diario. Sin duda solemos recordar la sonrisa de muchos de nuestros vecinos, de nuestros compañeros de trabajo, del personal del supermercado? pero sin embargo nos resulta casi imposible hacer presente la mirada de cualquiera de ellos.

Momento histórico que nos incita a recuperar el contacto visual y a relacionarnos también a través de nuestras miradas. Ya se refería Shakespeare a la mirada como "el lenguaje del corazón". De forma natural comunicamos mucho con nuestra mirada y no es necesario ser un experto para leer lo que se esconde bajo esos ojos que hablan. Miradas serenas, alegres, intensas, fascinantes, generosas, inocentes?miradas cómplices, seductoras, impactantes o poderosas. Como no, miradas distantes, huidizas, incómodas, desconfiadas e incluso indiferentes. Todas ellas obedecen a nuestro sentir en un momento determinado y nos resultaría tremendamente complejo disimular esa emoción que expresan nuestros ojos. Afortunadamente hasta ahora nadie nos ha enseñado a fingir con nuestra mirada.

Aprovechemos pues esta oportunidad para intercambiar miradas, para regalar sonrisas con nuestros ojos, para conectar con los otros desde la honestidad sin gestionar nuestras miradas, para mirar de verdad creando lazos de empatía? sin más máscara que aquella que llevamos colocada en nuestra boca.

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