Los partidos políticos no deberían ser entes monolíticos donde prime el pensamiento único. La disciplina de voto en los partidos debería desaparecer, de tal manera que no se tenga que estar obligatoriamente de acuerdo con todo el ideario político de un partido para pertenecer a él.

Recuerdo cuando Celia Villalobos, diputada entonces del PP y vicepresidenta del Congreso, rompió la disciplina de voto de su partido y votó a favor de retirar el anteproyecto de reforma de la ley del aborto que proponía el ministro Gallardón. ¿Por qué no se puede estar a favor del aborto, aunque el partido esté en contra y ser diputado, concejal o militante de esta formación o de cualquier otra?

Si el partido está en contra de esta o de cualquier otra iniciativa, hay que votar lo que el partido diga. Lo normal es que si lo incumples o muestres algún tipo de discrepancia te echen, no sin antes agradecerte los servicios prestados. Para eso son muy educados todos, aunque luego te den la patada en el culo.

Sinceramente no me creo que los políticos comulguen al cien por cien con el ideario de su partido. Seguro que hay cosas en las que están en desacuerdo y es normal que sea así. Por esa razón nunca he entendido la disciplina de voto.

Los partidos políticos están excesivamente encorsetados. Si te sales de la línea oficial te defenestran. No hay debates internos ni libertad de pensamiento. Todo obedece a un estricto guión.

El cese de Cayetana Álvarez de Toledo, como portavoz del PP, inteligente, culta y valiente como pocas, por discrepancias con Pablo Casado es otro ejemplo y a mi modo de ver una grave equivocación porque creo que ha hecho un trabajo impecable, aunque su imagen sea la de una persona altiva, por tanto las razones obedecen más a cuestiones ideológicas por discrepancias con la actual dirección que de trabajo parlamentario propiamente dicho. En la izquierda están aplaudiendo la decisión de Casado, a falta de saber quien le sustituirá, porque Cayetana si se caracterizaba por algo era por no morderse la lengua.

El PP necesita una portavoz fuerte y valiente como Cayetana Álvarez de Toledo, que en sus intervenciones nunca se dejó intimidar por las continúas provocaciones del señor Pablo Iglesias, ni siquiera cuando le llamó que era hijo de un terrorista.