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¿Por qué estamos en el G-5 de la Covid?

Estamos ante un fenómeno misterioso, además de muy peligroso, y urge explicarlo por quien corresponda. Somos el quinto país del mundo con más infectados por la Covid después de Estados Unidos, Brasil, India y Argentina. Acaso el séptimo, porque Rusia y China ofrecen datos sin fiabilidad. Pero sea el quinto, o el séptimo (Francia nos va pisando los talones) ese honor es inquietante. Resulta que durante décadas soñamos con pertenecer al G-8, el grupo de países más industrializados del mundo, y solo se nos reconoció ocupar los puestos 11 o 12, en parte porque emergieron potencias como la India y otras. Y ahora nos metemos involuntariamente en el G-5; pero en el de la Covid. Quien sepa el porqué de este retroceso, cuando el virus parecía más o menos controlado, que lo diga, sean epidemiólogos o autoridades sanitarias. Tertulianos abstenerse.

Esa es la gran incógnita debatida popularmente este verano: estamos haciendo muy mal algo, o varias cosas a la vez. Ya se ha echado la culpa a los jóvenes juerguistas, a los transportes abarrotados y a las reuniones y fiestas familiares; pero saber, saber, como dice el doctor Francisco López Sobrino, "nadie sabe nada relevante, aunque se lean varios informes diarios". Conocemos que algunas autonomías resisten mejor que otras, como Asturias, Galicia, Canarias o Baleares. Pero estas dos ultimas son archipiélagos y Asturias y Galicia resultan lo más parecido geográficamente a una isla, con el mar como límite y cerradas por cordilleras. Y algún acierto habrán tenido sus gobernantes, claro. Observen que sus máximos dirigentes son de los que menos declaraciones hacen y más actúan. Algunos de ellos tienen un grado de conocimiento popular bajo, pero se sabe que lo hacen muy bien, que es lo que importa. Podría hasta establecerse una correlación: los que más hablan, gobiernan menos; o gobiernan peor.

Si se aplica eso al temido inicio del curso escolar, pasa lo mismo. Apenas hay declaraciones de Ximo Puig, el presidente valenciano. Sin embargo, en su Comunidad, la Secretaria de Educación, que lidera Miguel Soler, un ex director general de Formación Profesional que dejó huella en el Ministerio, ha contratado a 4.374 nuevos docentes y 3.000 monitores de comedor, ha adquirido 30.000 tablets, ha ampliado las plataformas digitales y así sucesivamente. O como el alcalde de El Rubio, en Sevilla, que ha gastado los 15.000 euros presupuestados para las fiestas patronales, suspendidas, en sistemas de protección para los pupitres de las escuelas. Poca declaración y mucha concreción.

En la política nacional, mientras, prosiguen tanto la política del "no" de la derecha -anuncio de Pablo Casado antes de acudir a Moncloa y saber que se le propone- como las cortinas de humo informativas de Podemos, magistrales en el arte de la contraprogramación y de la filtración de noticias. Ahora condicionan su apoyo a los Presupuestos a que no se cuente con Ciudadanos (otro "no" antes de entrar en debate) lo que supone dejar la aprobación de los Presupuestos a lo que decida Esquerra Republicana, lo más parecido a esas escopetas de ferias que fallan a menudo.

Ya ven: se han suspendido por la Covid las fiestas mayores del verano en todos los pueblos y ahora tendremos tiro al blanco en el Congreso. El espectáculo está garantizado; las soluciones, en absoluto. Así nos va.

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