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El belén más grande del mundo y parte del extranjero

"Navidad es la revancha de la humildad sobre la arrogancia, de la sencillez sobre la abundancia, del silencio sobre el escándalo. Navidad es preferir la voz silenciosa de Dios a los ruidos del consumismo".

Papa Francisco.

El Ayuntamiento de Alicante, liderado por la Concejalía de Fiestas, planea instalar un Nacimiento monumental, con las figuras de la Sagrada Familia -abstenerse de bromas con animales y otras figuras-. El objetivo es entrar en el Libro Guinnes de los Records y atraer turismo. La figura de referencia -el casto José- debe medir al menos 15 metros. El coste de la iniciativa, para su instalación tres años, es de 123.200 euros, aunque, por algunos detalles técnicos, la cosa puede irse a los 134.400.

Propongo que el Ayuntamiento entregue 134.399 euros a Cáritas. Ahorraríamos dinero y el fin sería digno. También podría crearse un fondo para contribuir, en un campo de refugiados de Oriente Medio, cerca de Belén, a la distribución de vacunas del Covid cuando sea posible. No sé si hay un Guinnes de la solidaridad, pero me sentiría mucho más orgulloso. ¿Osará alguien llamarme demagogo por defender estas cosas? ¿Puede haber algo más demagógico que este fenomenal desafío a la razón, a la estética -porque será feo: toda desmesura lo es- y a la ética pública? ¿Ha leído usted un insulto más claro que este monstruo en honor de gobernantes del PP que se pasaron medio confinamiento clamando por el duelo? ¿Ha escuchado usted algo más cursi, más alejado del espíritu y belleza del belenismo?

Y además hace planear sombras que no desharán las luces navideñas. ¿Por qué esa cifra -las prescripciones técnicas no lo aclaran-? ¿Quién está en condiciones de "plantar" esta Hoguera fuera de tiempo?, ¿o es que existen muchos "escultores" capaces de construirla en dos meses y guardar las figuras años? ¿Por qué 15 metros?... me dicen que la imagen de la Virgen de los Desamparados que preside la Ofrenda de Flores en Fallas mide 14 metros€ pero no creo que en Alicante nos fijemos en Valencia en algo tan trascendental -¡el Libro Guinnes!-. Por cierto: ya hay algún Belén en tal libro, el único que, al parecer, leen algunos munícipes. Pero se centran en curiosidades históricas o estéticas. Aquí nuestros ediles van a por todas: a ver quien lo tiene más grande. Sutil decisión en tiempos de incertidumbre. Al fin y al cabo, los ayuntamientos quieren recuperar el dinero ahorrado y en la UE mirarán con lupa la procedencia de todo gasto público. (Podríamos invitar al embajador de Holanda a la inauguración). Hubo un tiempo en que Alicante abría los telediarios. Y se superó. Pero el PP, con el concurso de Ciudadanos, vuelve por la senda.

No me apetecía escribir de esta ordinariez. ¡Qué aburrimiento! Si lo hago es para destacar que, además del despilfarro en el peor momento, tal sarcasmo indica que nada se ha aprendido, que en nada se está dispuesto a cambiar. Esta ceremonia de desidia, este record del ridículo, se hace en nombre del turismo. Por supuesto. El éxito está asegurado porque nadie contará cuántos turistas acuden a esperar la cremà de este monumento. ¿Pero cuándo aprenderemos que en nombre del turismo no puede justificarse cualquier cosa? Nunca seremos una ciudad seria y decente si vivimos en una angustia permanente porque nos convaliden los otros. Esta falta de confianza en nosotros mismos es lo que nos derrota y el turismo ni siquiera se valora como fuente de riqueza, sino como aplauso a nuestras bellezas y glorias. Por eso es más fácil, incluso, concebir un pesebre -¡tanto sabe la derecha alicantina de eso!- que una campaña para captar turistas por periodos prolongados en nuevos mercados, ofreciendo atractivos urbanos que poco tienen que ver con las patochadas. ¿O salvarán el turismo los curiosos que vayan un día a adorar el mamotreto? Podrían convocar un premio a la desvergüenza de despedidas de soltería que converjan en el Belén. ¡Y al Guinnes, que al fin y al cabo es cerveza, diurética!

Es esta falta de imaginación, sustituida por la elefantiasis de la vacuidad, lo que nos castra el futuro. El caballo grande, ande o no ande, es el lema favorito de parte de nuestras élites, incapaces de contemplar el futuro si no es como otra fiesta, como otra mascletá, como otro agasajo, como otra sarta de tópicos. No hay en Alicante noches de paz. Todas deben tender al boato. Si el tamborilero fuera del gobierno alicantino ofrecería mojama y gamba roja, por la cosa del prestigio. En Venecia se casaba la ciudad con el mar y el Dogo arrojaba un anillo al agua. Aquí damos para que el Alcalde baile un vals triste con la nada, bajando hacia la Explanada, con los pies pegándose en las ruinas, adheridas con materia orgánica, de la noche anterior. (Turismo seguro, limpio, atractivo). Quizá lo puedan incluir en el Guinnes del vals más largo del mundo, al ritmo del inacabable tedio de quienes se ponen a pensar y consiguen un nacimiento hueco, hecho de lo que hagan ahora los gigantes, que seguro que será contaminante. Este año tampoco ha podido ser: el Gordo de la inteligencia no ha caído. Y el 7 de enero a comer carbón, quien pueda. Pero que nos quiten lo bailao. Y a ver si hay vacunas y en junio podemos destrozar Luceros.

En fin, reconciliémonos con alegría, como escribió Gerardo Diego en su "Villancico del rifador":

"¿Cuánto me dan, que lo vendo barato,

cuánto me dan, que lo doy sin contrato?

Este es el Niño que mamaba ahora.

Ríe despierto y en durmiendo llora.

Casi de balde la flor del mercado.

¿Cuánto me dan, que lo doy regalado?

(€.)

¿Cuánto me dan? Por moneda no quede.

Una lágrima sola que tiemble y que ruede.

Este es el Niño de la rifa loca

que todos le juegan y a todos les toca.".

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