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andres hernandez de sa

El problema era Madrid

Durante muchos años hemos estado mirando a Cataluña como el mayor problema territorial de España; pero ahora, nos encontramos con que es Madrid la comunidad que ha puesto patas arriba el ‘statu quo’ del régimen autonómico. Durante años, la Comunitat Valenciana fue (mal) ejemplo de corrupción con todas las trapacerías conocidas y desconocidas; hasta que en Madrid comenzaron a limpiarse algunas cloacas desde las que nos inundó el hedor insoportable de una auténtica cleptocracia. Durante años, el régimen foral vasco y, en menor medida, el navarro, era una anomalía en el régimen financiero y fiscal del Estado; hasta que Madrid ha terminado convirtiéndose en un auténtico paraíso fiscal interior y depredador de recursos. Al final, parece que el principal problema para el equilibrio económico y político de España ha terminado por ser Madrid; y no en su concepto etéreo, sino como una losa tangible y asfixiante desde el poder autonómico en la almendra de la M30, por utilizar una figura recurrente.

Días atrás fue objeto de chanza una frase de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso (IDA), aparentemente al más puro estilo ‘rajoyano’. Aquella de «Madrid es España y España es Madrid», etcétera. La primera parte del aserto es una obviedad. Pero la segunda desvela, seguro que inconscientemente, el auténtico pensar de esa importante fracción del electorado y el poder más recalcitrante que representa. «España es Madrid». He ahí el meollo de la cuestión, el pensamiento único que ayuda a entender lo que ahora y desde hace años ocurre en este país. En su imaginario, España solo puede serlo en la medida en que se ajusta al patrón diseñado por ese poder político -no solo de la derecha, sino también de cierta izquierda cómoda con la situación-, económico e incluso judicial que forma toda una amalgama y comunión de intereses que pretende ejercer como auténtico contrapoder desde la Puerta del Sol: en definitiva, un Estado dentro del Estado.

Una deriva que encontró vía libre en el año 2003, con aquel auténtico golpe de Estado a fuerza de chequera que fue el ‘tamayazo’ y que corrompió hasta el más profundo tuétano el corpus democrático en ese invento -artificial y artificioso- de la transición que fue la Comunidad de Madrid. Desde entonces, toda esa amalgama de intereses ha campado a sus anchas, gracias, sin duda, también a la inoperancia de una izquierda que ha tirado a la basura las pocas oportunidades que ha tenido de revertir esa situación. La defensa de esos intereses creados en estos tres lustros largos de poder se ha convertido, así, en una cuestión de supervivencia para todos los implicados. Por encima, incluso, de las vidas de los ciudadanos. Y, si es necesario, subvirtiendo el orden establecido. Todo por la pasta (y por la patria que proclaman algunos, que no la de todos).

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